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viernes, 30 de enero de 2026

Sara Botton, una alemana cautiva en el Pacífico de Colombia

 


Sara Botton es una alemana hecha cautiva en el Pacifico de Colombia, permaneciendo varios meses en un lugar en donde fue atrapada de una manera insólita por unos actores que parecieron inicialmente incapaces de llegar a tenerla sujeta en un lugar que puede parecer antagónico para la civilización del asfalto y cemento.

Un fuerte constraste es llegar de un país del primer mundo con sus comodidades y la tecnología al alcance para internarse en una zona selvática, seguramente plagada de insectos, reptiles y una fauna entre lo exótico y sorprendente.

Pues bien, esta es la historia de Sara Botton, una joven alemama que inicialmente fue  cautivada en su país por los misterios del conocimiento ancestral de las plantas sagradas de los indígenas del territorio selvático de Colombia.

Asi fue como el contacto que tuvo con un joven Chamán colombiano la condujo a viajar hasta Colombia tras las huellas del Yagé o Ayahuasca.

Su  manejo del español era escaso, sin embargo, su pasión por el conocimiento de estas culturas y de sus misterios, la hizo emprender una aventura en un territorio para ella desconocido, en zonas que aún para muchos colombianos hoy pueden resultar vedadas por la complejidad de un conflicto que se ha sentido con intensidad en estas zonas apartadas.

Pero asi,  con la fuerza del carácter de los alemanes, esta joven artista de la pintura toma la determinación de viajar hasta Colombia, llegando hasta la capital del país, en la elevada Bogotá, a  la que no arribó  a una residencia del exclusivo norte capitalino, sino a las mismas calles para codearse con el artesano de las calles, el luchador del día a día, del que ella aprendió la espontaneidad y la alegría del vivir ganándose el sustento con la venta callejera.

Sin embargo, su mirada estaba puesta en la otra Colombia, la escondida para  los altavoces del comercio,del espectáculo y de los negocios.

Territorio del resguardo indígena de Tacueyó en el departamento del Cauca en Colombia, en donde habita el pueblo Nasa. Foto tomada de Facebook.

La Colombia de las noches  calladas  que solamente rompe su silencio con el canto de las ranas,  iluminándose con las luces de  luciérnagas  y los reflejos de la luz que proyecta la luna y que se puede apreciar  en las planicies y  sobre las aguas de los rios y los mares.

La primera estación en la ruralidad de Colombia fue en el sur, en las montañas del Cauca, en donde tuvo la oportunidad de interactuar con la comunidad del pueblo indigena Nasa; allí la sobrecogió la inmensa paz y tranquilidad de unos habitantes silenciosos y según ella, con una timidez natural ante el arribo del foráneo que los visita.

Una cultura y  modo de ser reservado, con  un espíritu de introspección que se integra con un entorno natural, en donde las plantas, árboles y especies animales y naturales también hablan, comunicándose  cada sujeto con la madre tierra o La Pacha Mama, como ellos la llaman.

Pero su ansia de exploración de este territorio la llevó hasta el Pacífico y allí llegó lo impensable.

Había vijado  miles de kilómetros, entre el continente europeo y Latinoamérica, pero nunca pensó lo que le sucedería.

Es de esta manera como arriba hasta Bahía Málaga en las playas de Ladrilleros, corregimiento de Buenaventura.

Y de esta manera  es como ocurre lo inevitable, e inexplicablemente surgen en este entorno unos actores inesperados que la hacen cautiva.

Una cautividad que nunca esperaba tener, pues estaba de frente al inmenso mar Pacífico en donde se respira libertad, sin embargo, asi sucedió.

Asi es que al dar sus primeras pisadas sobre la fina arena de las playas de Ladrilleros, emergieron sus captores.

De esta forma entre lo profundo de los esteros y  manglares,con sus cascadas, emergió el espíritu propio de la selva tropical humeda con todos sus elementos   que se abrazan con el mar en una sinfonía,  cual melodia encantadora tiene el poder de hacer cautivo a cualquiera que llegue hasta esta tierra, consiguiendo convertir unos días  en año y medio de permanencia.

Inicialmente para ella el contraste y choque  fue grande, entre un estilo de vida apacible y silencioso de la comunidad Nasa del Cauca, frente al de las comunidades afro del Pacífico, bullangueros, explosivos en emociones y de voces fuertes que expresan a su manera la alegría de vivir.

Aquí la prisa, para ella, el estrés y las preocupaciones que se viven en  ciudades como en las que ha estado en Alemania y Europa, desaparece ante el gozo de lo fundamental, viviendo entre una naturaleza exhuberante, con el elixir de la brisa y sal marina que rejuvenece, con la caida de las cascadas de agua cristalina que energizan y el agua de coco que nunca falta y que  revitaliza. 

Pero para Sara Botton aún en Colombia y en su Pacifico hay mucho por conocer, descubrir y continuar aprendiendo, con el deseo de poder aportar y ayudar desde su arte a sus gentes, con las que ha logrado tener una conexión particular.

Colaboración especial y fotografías  de Sara Botton y del Pacifico de  Alonso Moreno Sáenz. Ver más del Pacífico colombiano en:  turispacifico.com