martes, 24 de febrero de 2026

Los 3 países donde la vida es más rica, larga y plena

Foto ilustrativa tomada de www.freepik.es

En un mundo cada vez más complejo y competitivo, ciertos países se han logrado destacar por ofrecer a sus habitantes una calidad de vida excepcional.

Este término, que resume bienestar, salud, estabilidad económica y oportunidades, no solo depende de una sola variable, sino de múltiples factores interconectados: ingreso per cápita, fortaleza económica, sistemas de salud eficientes, cohesión social y políticas públicas sostenibles.

Entre los países que consistentemente encabezan los índices globales se encuentran Noruega, Suiza y Japón.

Estos tres territorios han construido modelos de desarrollo que combinan crecimiento económico con equidad social y longevidad de sus poblaciones.

Noruega: equilibrio entre riqueza y bienestar social

Noruega se destaca repetidamente en rankings internacionales por su alto ingreso per cápita, su economía sólida y su sistema de bienestar social integral. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Noruega mantiene uno de los más altos PIB per cápita del mundo, impulsado por una economía diversificada y una gestión prudente de sus recursos naturales, especialmente del petróleo y gas natural.

Sin embargo, lo que realmente distingue a Noruega no es solo su riqueza, sino cómo la distribuye. El Estado noruego ha invertido de manera significativa en educación pública de alta calidad, salud universal y en redes de protección social que amortiguan las desigualdades. El sistema de bienestar garantiza que cada ciudadano tenga acceso a servicios básicos sin importar su nivel de ingreso. Esta política redistributiva ha generado una sociedad con niveles de pobreza muy bajos y una alta satisfacción con la vida.

La longevidad en Noruega también es notable. Con una esperanza de vida que supera los 82 años, los habitantes se benefician de un sistema de salud amplío y preventivo, así como de condiciones de vida saludables, gracias a un entorno natural limpio y a políticas activas de promoción de la actividad física y alimentación equilibrada. En conjunto, estos factores han convertido a Noruega en un referente mundial de bienestar sostenible.

Suiza: estabilidad económica y calidad de vida superior

Suiza constituye otro ejemplo paradigmático de éxito socioeconómico. Este país europeo se caracteriza por su estabilidad política, un sistema financiero robusto y una economía centrada en industrias de alto valor agregado como la farmacéutica, la tecnología, la relojería y los servicios financieros. El ingreso per cápita suizo es uno de los más elevados del planeta, propiciado por una fuerza laboral altamente calificada y una cultura empresarial orientada a la excelencia.

La economía suiza ha sabido adaptarse a los cambios globales sin perder competitividad, al tiempo que mantiene un alto nivel de productividad. Su infraestructura de transporte eficiente, su baja tasa de desempleo y su entorno regulatorio estable atraen inversión extranjera y promueven la innovación.

En términos de calidad de vida, Suiza figura regularmente en los primeros lugares del Índice de Desarrollo Humano (IDH). La combinación de salarios altos, servicios públicos de calidad, índices de criminalidad bajos y un entorno natural espectacular contribuyen a una experiencia de vida excepcional para sus residentes. La esperanza de vida en Suiza supera los 83 años, impulsada por un sistema de salud de excelencia y hábitos de vida saludables entre la población, quienes disfrutan de amplios espacios al aire libre y una cultura de bienestar.

Japón: longevidad extraordinaria y desarrollo equilibrado

Japón representa un caso único: a pesar de no tener uno de los mayores ingresos per cápita comparado con Noruega o Suiza, se destaca a nivel mundial por tener una de las mayores expectativas de vida del planeta, con más de 84 años como promedio nacional. Esta longevidad extraordinaria no es producto del azar, sino de una combinación de factores culturales, nutricionales y sociales profundamente arraigados.

La sociedad japonesa valora estilos de vida saludables, con dietas ricas en pescado, vegetales y cantidades moderadas de alimentos procesados. Además, el sistema de atención médica universal asegura que todos los ciudadanos tengan acceso a servicios preventivos y de tratamiento. Japón también cuenta con una sólida infraestructura tecnológica y un enfoque en la eficiencia que permea sectores económicos clave, como la manufactura avanzada y la robótica.

Si bien Japón enfrenta retos demográficos importantes, como el envejecimiento de la población, su modelo de cohesión social, respeto por la educación y políticas públicas encaminadas al bienestar colectivo han sido claves para alcanzar altos niveles de calidad de vida. La estabilidad económica del país, aunque más moderada que la de sus pares europeos, sigue siendo fuerte, con exportaciones competitivas y un mercado tecnológico dinámico.

¿Qué factores explican estos logros?

Aunque geográfica y culturalmente distintos, Noruega, Suiza y Japón comparten elementos clave que explican su éxito:

Sistemas de bienestar inclusivos:

Garantizan acceso universal a educación y salud, reduciendo brechas sociales.

Economías diversificadas y resilientes:

En lugar de depender de un solo sector o producto para crecer, utiliza múltiples actividades económicas, permitiendo altos ingresos per cápita y estabilidad, incluso ante crisis globales

Cultura de prevención y salud pública:

Promueven estilos de vida saludables y educación en bienestar desde edades tempranas.

Gobernanza eficiente y visión de largo plazo:

Inversiones sostenibles, políticas públicas estables y administración transparente  que evita la corrupción.

Estos factores no solo impulsan cifras económicas positivas, sino que también impactan directamente sobre la vida cotidiana de las personas: menos desigualdad, mayor seguridad y acceso a oportunidades duraderas.

lunes, 23 de febrero de 2026

Los 7 hábitos para vivir más



Foto ilustrativa tomada de pixabay.com

La longevidad no es producto del azar. Aunque la genética influye, la evidencia epidemiológica confirma que el estilo de vida explica un porcentaje determinante de cuántos años vivimos y, sobre todo, cómo los vivimos. Las regiones con mayor esperanza de vida —como Japón, España y Suiza— comparten patrones conductuales consistentes: alimentación equilibrada, actividad física regular, fuerte cohesión social y prácticas que reducen el estrés.

A continuación, el artículo reorganizado en siete ejes integrales que incorporan los hábitos solicitados y que la literatura científica asocia con mayor expectativa y calidad de vida.

1. Nutrición inteligente e hidratación consciente

Comer saludable no significa dietas restrictivas extremas, sino priorizar alimentos reales: vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas saludables como el aceite de oliva. Las poblaciones longevas de Okinawa son un ejemplo clásico de alimentación basada en plantas con bajo consumo de ultraprocesados.

A esto se suma un factor frecuentemente subestimado: tomar agua suficiente. La hidratación adecuada mantiene el equilibrio celular, favorece la función renal, regula la temperatura corporal y optimiza el metabolismo. Incluso niveles leves de deshidratación elevan el cortisol y afectan el rendimiento cognitivo.

Nutrición e hidratación forman el cimiento biológico de la longevidad.

2. Movimiento y exposición natural

El cuerpo humano está diseñado para moverse. Hacer ejercicio —ya sea caminar, nadar, practicar yoga o entrenamiento de fuerza moderado— reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y deterioro cognitivo.

Además, tomar sol de manera prudente favorece la síntesis de vitamina D, clave en la salud ósea, inmunológica y metabólica. Bastan exposiciones breves y controladas para obtener beneficios sin aumentar riesgos dermatológicos.

Actividad física + luz natural = regulación hormonal y menor inflamación sistémica.

3. Sueño reparador y respiración adecuada

Dormir bien (entre 7 y 8 horas en adultos) permite procesos de reparación celular, consolidación de memoria y regulación hormonal. La privación crónica del sueño está asociada con hipertensión, obesidad y envejecimiento prematuro.

Por su parte, respirar adecuadamente —profunda y diafragmáticamente— activa el sistema nervioso parasimpático, disminuye la frecuencia cardíaca y reduce la respuesta inflamatoria. Técnicas de respiración consciente han demostrado reducir niveles de ansiedad y mejorar la variabilidad cardíaca, indicador clave de salud.

Dormir y respirar bien son intervenciones fisiológicas directas sobre el envejecimiento.

4. Gestión emocional y actitud mental

La mente impacta el cuerpo. Pensar positivo no es negación de la realidad, sino reinterpretación constructiva de los desafíos. Estudios en psicología positiva muestran que el optimismo se asocia con menor mortalidad cardiovascular.

Sonreír, incluso de manera intencional, activa circuitos neuronales vinculados con liberación de endorfinas y dopamina. Esta respuesta neuroquímica modula el estrés y fortalece el sistema inmunológico.

La actitud mental no es un detalle superficial: influye en marcadores biológicos medibles.

5. Recreación y conexión social

El ocio saludable también es medicina preventiva. Recrearse, dedicar tiempo a hobbies, actividades artísticas o encuentros sociales reduce el estrés crónico y mejora la salud mental.

Las personas con redes sociales sólidas viven más. El aislamiento prolongado aumenta el riesgo de mortalidad de forma comparable al tabaquismo. Compartir, conversar y pertenecer son necesidades biológicas además de emocionales.

6. Autoestima, gratitud y sentido de valor personal

Autovalorarse fortalece la estabilidad emocional y reduce conductas autodestructivas. Una autoestima saludable se correlaciona con mayor adherencia a hábitos preventivos y mejor manejo de enfermedades crónicas.

Igualmente, ser agradecido impacta el bienestar psicológico. Practicar gratitud de manera regular se asocia con menor depresión, mejor calidad del sueño y reducción de inflamación sistémica. La gratitud modifica la percepción del estrés y mejora la resiliencia.

La percepción que tenemos de nosotros mismos influye directamente en la calidad de nuestras decisiones diarias.

7. Espiritualidad: Orar y meditar

La investigación en neurociencia ha confirmado que orar y meditar generan cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Estas prácticas reducen la actividad de la amígdala (centro del miedo), regulan el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y disminuyen el cortisol.

La meditación regular mejora la atención y la regulación emocional. La oración frecuente, especialmente en contextos comunitarios, fortalece el sentido de pertenencia y esperanza. Ambos factores se asocian con menor incidencia de depresión, mejor salud cardiovascular y mayor longevidad.

No se trata únicamente de fe, sino de efectos fisiológicos medibles sobre el sistema nervioso y el sistema inmunológico.

Longevidad Integral

Vivir  más y  de mejor manera  no depende de una fórmula milagrosa aislada, sino de la integración coherente de hábitos físicos, emocionales y espirituales. Alimentarse bien, hidratarse, moverse, dormir, respirar correctamente, cultivar relaciones sanas, pensar con optimismo, recrearse, agradecer, autovalorarse y practicar la oración o meditación conforman un sistema preventivo integral.

La longevidad no es solo sumar años a la vida, sino vida a los años. Y cada decisión cotidiana, por pequeña que parezca, construye —o deteriora— esa trayectoria biológica.

¿Moda o crisis de identidad? Therian, el ser humano desplazado por el animal


Imagen ilustrativa tomada de Facebook

En parques de Barcelona, plazas de Ciudad de México y encuentros juveniles en Buenos Aires, algunos adolescentes se desplazan en cuatro apoyos, portan máscaras de zorro o lobo y afirman sentir una conexión profunda con un animal específico. No se trata de una simple puesta en escena cosplay. Se identifican como therians, una subcultura digital que ha ganado visibilidad acelerada en plataformas como TikTok e Instagram.

El fenómeno no nació en 2026 ni es puramente latinoamericano. Sus raíces contemporáneas se remontan a foros de internet de los años noventa en Estados Unidos y Europa, donde comunidades vinculadas al movimiento otherkin comenzaron a usar el término “therian” (derivado de therianthropy, del griego therion —bestia— y anthropos —humano—) para describir la vivencia subjetiva de identificarse, en el plano interno o espiritual, con un animal no humano. Con el auge de redes sociales de video corto, el concepto salió del nicho y entró en la conversación pública global.

De mito ancestral a etiqueta digital

La idea de humanos que comparten rasgos con animales es antiquísima: mitologías como la egipcia, la nórdica o la mesoamericana integraron figuras híbridas. Sin embargo, el therian contemporáneo no se define como criatura mitológica ni como personaje ficticio. Se trata, según quienes se identifican así, de una experiencia interna de identidad simbólica.

La diferencia con otras comunidades —como el furry fandom, centrado en personajes antropomorfos ficticios— es que el therian no juega a ser un animal: afirma sentir que, en algún nivel psicológico o espiritual, lo es.

Países con mayor visibilidad

La comunidad es global y predominantemente digital, la cobertura mediática y los reportes de concentraciones juveniles muestran especial presencia en:

Argentina y Chile, donde la etiqueta ha sido tendencia en redes juveniles.

España, particularmente en Barcelona, con encuentros que generaron debate público.

México, donde el fenómeno alcanzó conversación nacional en Ciudad de México.

También existen comunidades activas en Estados Unidos, Canadá y Alemania, aunque allí el fenómeno permanece más vinculado a foros especializados.

Psicología contemporánea: ¿identidad o alerta?

Desde la psicología clínica tradicional, el consenso preliminar es prudente: identificarse como therian no constituye en sí mismo un trastorno mental. La literatura científica diferencia claramente esta vivencia de cuadros psiquiátricos como la licantropía delirante, que sí implica ruptura con la realidad.

El auge de los therians ha suscitado reacciones diversas entre profesionales de la psicología. Aunque este campo aún no cuenta con estudios extensos, varias voces autorizadas han aportado análisis que ayudan a situar el fenómeno más allá del sensacionalismo mediático:

Interpretación como exploración de identidad:

Para psicólogos como Juan Martín Pérez (especialista citado en medios mexicanos), ser therian no es un trastorno psiquiátrico per se, sino una forma de identidad que puede surgir en etapas de exploración personal propias de la adolescencia, influida por factores emocionales y neurodiversidad. Según él, el fenómeno se amplifica por algoritmos que conectan a jóvenes con intereses similares. 

Conexión con el desarrollo emocional y pertenencia:

El profesor de psicología Óliver Serrano ha señalado que identificarse como therian puede verse como un proceso de construcción de identidad, similar a otras tribus urbanas del pasado. Serrano subraya que no implica necesariamente un problema de salud mental, aunque recomienda atención si la adopción de la identidad interfiere de forma negativa con la vida cotidiana. 

Diferenciación entre identidad y trastorno:

Investigaciones académicas sobre comunidades therian sugieren que, aunque algunos términos asociados pueden compartir características superficiales con fenómenos clínicos como la licantropía delirante, la mayoría de las experiencias therian no corresponde a una enfermedad mental. En la psicología académica contemporánea se tiende a evitar patologizar una identidad que muchos describen como subjetiva y simbólica. 

Estas opiniones convergen en que el fenómeno debe observarse con matices: no siempre es indicativo de patología, pero tampoco puede ignorarse si hay malestar significativo o efectos adversos en la vida social y emocional de la persona.

Una mirada desde la psicología humanista cristiana

Desde una perspectiva humanista cristiana, el análisis introduce matices distintos y el fenómeno  debe dejar de abordarse con burla o con estigmatización, teniendo discernimiento.

Según esta visión, el ser humano posee una dignidad intrínseca derivada de su condición personal, relacional y trascendente. La identidad no se reduce a impulsos biológicos ni a algoritmos culturales, sino que implica una vocación integral: cuerpo, psique y espíritu en unidad.

Desde este marco, identificarse simbólicamente con un animal puede interpretarse como:

Búsqueda de pertenencia y seguridad emocional.

Expresión metafórica de rasgos de personalidad (fuerza, independencia, instinto).

Reacción a entornos percibidos como hostiles o despersonalizantes.

La perspectiva humanista cristiana más que determinar una patología con el fenómeno,  invita a una pregunta central: ¿esta identidad fortalece o fragmenta la integración personal? Si la vivencia es simbólica y no rompe el sentido de realidad ni la funcionalidad cotidiana, puede tratarse de un proceso exploratorio. Si sustituye la identidad humana fundamental o genera aislamiento profundo, conviene intervención terapéutica inmediata.

6Desidentificar al ser humano sería entrar gradualmente en  un proceso peligroso de disolución de la sociedad humana que se animaliza y pierde su esencia divina desde una perspectiva teista.

Cultura, algoritmo y futuro

De otra parte el fenómeno therian revela algo más amplio que una moda juvenil: expone la forma en que la identidad se negocia hoy en entornos hipervisibles y algorítmicos. Plataformas como TikTok no solo difunden tendencias; también crean comunidades que validan experiencias minoritarias y las convierten en narrativas globales.

La pregunta de fondo  es cómo las sociedades contemporáneas disciernen sobre procesos identitarios en un contexto donde lo simbólico, lo digital y lo emocional se entrelazan.

domingo, 22 de febrero de 2026

🕊️ Peregrinaciones que mueven millones


Santuario de Nstra Sra de  las Lajas en Ipiales-Nariño-Colombia.Foto: Sara Jurado ¡Stock tomada de pixabay.com

En un amanecer frío que se calienta con los primeros atisbos de los rayos del sol mañanero, con el aire impregnado de naturaleza viva en las montañas del sur de Colombia, en las Lajas, mientras miles de peregrinos recorren senderos y plazas centenarias en busca de consuelo o promesas cumplidas, el turismo religioso se ha consolidado como una de las expresiones de viajes más vigorosas en el ser humano.

Más allá de la devoción, sitios sagrados de todos los continentes están transformando economías locales, dinamizando servicios y posicionándose como motores de crecimiento sostenible en destinos tan dispares como Roma,  Las Lajas, Fátima, La Meca o Guadalajara de Buga en Colombia, movilizando a millones de personas que a su vez mueven economías.

En  el sur de Colombia, en Ipiales,(frontera con Ecuador) se encuentra  la basílica neogótica de Nstra Sra de Las Lajas –un prodigio arquitectónico, construido en piedra gris, suspendido sobre el cañón del río Guáitara– considerado uno de los templos más bellos del mundo y una de las 7 maravillas de Colombia, siendo un eje de peregrinaciones regionales e internacionales. Aunque no existen cifras oficiales unificadas para todo 2025, este santuario recibe de manera constante cientos de miles de visitantes cada año, consolidándose como uno de los destinos religiosos más importantes de Colombia desde hace décadas. 

Entre tanto en  el corazón del Valle del Cauca, Guadalajara de Buga, sede en el 2026 del IV Congreso Nacional de Turismo Religioso,  vive una transformación paulatina en su fisonomía urbana y económica, impulsada por su reconocimiento internacional. No es casualidad: la ciudad –cuna del venerado Señor de los Milagros- fue designada como el primer destino colombiano en integrarse a la Red Mundial de Turismo Religioso, un sello que la pone en el mapa global de peregrinación y fe. 

Basílica del Señor de los Milagros de Buga. Foto tomada de Facebook 

El fenómeno de los santuarios y cifras en 2025

Gracias a esta inclusión y a la insistente promoción internacional, Buga consolidó en 2025 una dinámica creciente de visitantes, recibiendo más de 1,2 millones de turistas —incluyendo nacionales y extranjeros— fortaleciendo no solo su identidad espiritual sino también su mercado turístico. 

Una muestra del impacto se observa directamente en la Semana Santa: durante las rogativas del Señor de los Milagros se reportaron más de 220 mil visitantes en eventos y ceremonias asociadas a la devoción. 

En términos económicos, estimaciones preliminares —basadas en informes de ocupación turística local— sitúan ingresos directos por alojamiento, alimentación y servicios en decenas de millones de dólares, superando ampliamente los 13 millones de USD solo en el período de alta temporada de 2025. 

De otro lado en el resto del mundo, centros de peregrinación profundamente arraigados continúan moviendo a multitudes. La Basílica de Esquipulas en Guatemala atrae anualmente más de 5 millones de fieles; mientras que otras rutas tradicionales y grandes encuentros —como las peregrinaciones a sitios en Europa, Asia y Medio Oriente— generan millones de visitas y miles de millones de dólares en ingresos turísticos globales.

Imagen del Señor de los Milagros de Buga venerada al interior de su basílica. Foto tomada de Facebook.

En Fátima tan solo en dos días el 12 y 13 de mayo de 2025, en la tradicional peregrinación internacional de mayo, cerca de 470. 000 personas se congregaron para rezar por la paz y el nuevo Papa; por su parte en Ciudad de México,  La  Basílica de Santa María de Guadalupe sigue siendo uno de los santuarios más visitados globalmente, con aproximadamente 20 millones de peregrinos al año, según datos del 2025.

"Mantener la solemnidad y autenticidad de los espacios sagrados frente a la presión comercial y de consumo turístico es un reto constante"

De acuerdo a diversos estudios de mercado especializado, el sector global del turismo religioso está valorado en más de 1,3 billones de USD en 2025, con perspectivas de crecimiento sostenido en la próxima década. 

Más allá de la fe: el impacto local

La influencia del turismo de fe trasciende las cifras de visitas. En localidades como Buga y Las Lajas, los flujos de peregrinos han generado empleo directo e indirecto —desde guías, transporte y hotelería hasta comercio y servicios culturales— alentando dinamismo económico en zonas que dependen fuertemente de la estacionalidad religiosa. Estudios académicos han mostrado que este tipo de turismo tiene un efecto positivo significativo en el ingreso local, en el empleo y en la vitalidad económica de asentamientos tradicionales, amortiguando ciclos económicos adversos y promoviendo inversiones en infraestructura. 

Retos y desafíos que enfrenta el turismo religioso

A pesar de este impulso, el turismo religioso no está exento de desafíos:

Sostenibilidad y gestión de multitudes: El crecimiento exponencial de visitantes exige estrategias claras para evitar la sobrecarga de servicios, la degradación de patrimonio y la pérdida de identidad cultural de los sitios sagrados. 

Infraestructura y servicios locales: Muchas regiones carecen de alojamiento, accesibilidad y conectividad adecuados para sostener flujos altos de turistas durante largos periodos. 

Equilibrio entre espiritualidad y comercialización: Mantener la solemnidad y autenticidad de los espacios sagrados frente a la presión comercial y de consumo turístico es un reto constante. 

Visas, seguridad y accesibilidad global: Barreras administrativas y de seguridad pueden limitar la llegada de peregrinos internacionales a destinos estratégicos. 

Así, mientras hombres y mujeres continúan caminando por fe, abrazando sus tradiciones en iglesias centenarias o santuarios suspendidos entre montañas o plazas, este fenómeno sigue profundamente ligado a los ritmos culturales, económicos y sociales del planeta.

sábado, 21 de febrero de 2026

Víctimas invisibles: La epidemia del Bullying en los colegios

 

 Foto ilustrativa tomada de pixabay.com

En los pasillos donde deberían escucharse risas, a veces se respira miedo. El bullying —o matoneo escolar— dejó de ser un “juego pesado” para convertirse en una de las crisis silenciosas más graves del sistema educativo contemporáneo. No distingue estrato, religión ni tipo de institución. Ocurre en colegios públicos y privados, en grandes ciudades y en pequeños municipios. Y sus secuelas, muchas veces, no se borran jamás.

En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han reportado en los últimos años que aproximadamente 1 de cada 5 estudiantes de secundaria afirma haber sufrido bullying en el entorno escolar. Las cifras incluyen acoso físico, verbal y, cada vez con mayor fuerza, ciberacoso. Este último ha crecido exponencialmente con el uso de redes sociales y plataformas digitales, trasladando el hostigamiento más allá del aula y extendiéndolo las 24 horas del día.

En América Latina, la situación no es menos alarmante. Informes regionales de organismos multilaterales indican que entre el 20 % y el 30 % de los estudiantes han experimentado algún tipo de intimidación sistemática. Países como México, Brasil y Colombia aparecen con indicadores preocupantes, especialmente en lo relacionado con agresiones verbales reiteradas, exclusión social y violencia psicológica.

En Colombia, el fenómeno ha tenido episodios que sacudieron a la opinión pública y pusieron en cuestión la capacidad institucional de prevención. Uno de los casos más recordados fue el de Sergio Urrego, estudiante de un colegio privado en Bogotá, cuyo suicidio en 2014 evidenció fallas graves en el manejo institucional del acoso y la discriminación. La investigación derivó en procesos disciplinarios y judiciales, así como en un debate nacional sobre la responsabilidad de los directivos docentes frente a la protección integral de los estudiantes.

A partir de ese caso, la Corte Constitucional emitió pronunciamientos que reforzaron la obligación de los establecimientos educativos de garantizar entornos libres de discriminación y violencia. La sentencia T-478 de 2015 marcó un precedente sobre el deber de proteger los derechos fundamentales a la dignidad, la igualdad y el libre desarrollo de la personalidad dentro de las instituciones educativas.

Pero detrás de cada estadística hay un rostro.

Laura (nombre cambiado), estudiante de grado octavo en una institución pública del Valle del Cauca, comenzó a faltar a clases con frecuencia. “No quería volver. Cada vez que entraba al salón sentía que todos se iban a burlar”, relató su madre en una audiencia ante el comité de convivencia escolar. Los compañeros la llamaban por apodos relacionados con su aspecto físico y difundían fotografías editadas en grupos de mensajería. El resultado: ansiedad severa, trastornos del sueño y tratamiento psicológico prolongado.

En Medellín, otro caso documentado por autoridades educativas mostró cómo un estudiante de séptimo grado fue víctima de agresiones físicas reiteradas que inicialmente se minimizaron como “peleas entre niños”. Solo cuando el menor presentó lesiones visibles y una marcada caída en su rendimiento académico se activaron protocolos formales. Para entonces, el daño emocional ya estaba hecho: aislamiento social, depresión y pérdida de confianza en figuras de autoridad.

Los efectos del bullying no son superficiales. Investigaciones internacionales han demostrado correlación entre acoso escolar y mayores tasas de depresión, ideación suicida, bajo rendimiento académico y abandono escolar. En Estados Unidos, estudios longitudinales indican que las víctimas recurrentes presentan mayor probabilidad de padecer trastornos de ansiedad en la adultez. En América Latina, especialistas en salud mental advierten que el impacto se agrava en contextos de desigualdad social y violencia estructural.

El matoneo tampoco afecta únicamente a las víctimas. Los agresores recurrentes muestran mayor riesgo de conductas antisociales futuras si no se interviene de manera oportuna. Y los espectadores —la mayoría silenciosa del aula— pueden normalizar la violencia como mecanismo de poder y jerarquía.

En Colombia, la Ley 1620 de 2013 creó el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y obligó a todos los establecimientos educativos a implementar comités de convivencia, rutas de atención integral y protocolos claros frente al acoso. Sin embargo, la brecha entre la norma y la práctica persiste. Muchos casos no se denuncian por miedo a represalias o por desconfianza en la respuesta institucional.

Expertos en pedagogía coinciden en que el enfoque exclusivamente sancionatorio resulta insuficiente. La prevención exige formación socioemocional, capacitación docente, participación activa de las familias y canales confidenciales de denuncia. Implica también reconocer que el bullying no es un episodio aislado, sino un fenómeno relacional que se alimenta del silencio y la indiferencia.

Hoy, el aula es un espejo de la sociedad. Si en ella se normaliza la burla, la humillación y la exclusión, el costo lo paga toda una generación. El reto no es menor: transformar la cultura escolar para que la diferencia no sea motivo de agresión sino de aprendizaje.

Porque cuando un estudiante deja de asistir por miedo, cuando baja la mirada al cruzar el patio, cuando sufre en silencio mientras el grupo ríe, la escuela fracasa en su misión esencial: ser un lugar seguro para crecer.

El bullying no es una etapa inevitable de la infancia. Es una vulneración de derechos. Y combatirlo no es una opción pedagógica: es una obligación ética y legal.

viernes, 20 de febrero de 2026

Colombina, de fábrica a referente ambiental en Colombia


Planta de conservas de Colombina en Tuluá-Valle del Cauca- Colombia. Foto tomada de colombina.com

El calor del mediodía cae espeso sobre Tuluá. En el corazón del Valle del Cauca, donde el verde de la caña de azúcar dibuja el horizonte, una planta industrial rompe la rutina del paisaje agrícola. No es una fábrica cualquiera: es la planta de conservas de Colombina, que acaba de recibir la certificación de Carbono Neutro otorgada por ICONTEC.

El anuncio podría leerse como un simple comunicado corporativo, pero en realidad es una señal que trasciende los muros de la empresa y se proyecta sobre el debate ambiental colombiano.

El día que la industria cambió el discurso

En la planta de Tuluá, el reconocimiento no llegó por casualidad. Durante meses —en realidad, años— la compañía midió con precisión técnica cada tonelada de dióxido de carbono emitida por sus procesos: consumo energético, combustibles, transporte interno, refrigeración, residuos. Luego vinieron las estrategias de reducción: optimización de energía, eficiencia en calderas, ajustes logísticos, mejoras en procesos térmicos.

Lo que no pudo eliminarse, se compensó mediante mecanismos verificados bajo estándares rigurosos. El resultado: balance neto cero en emisiones directas y controladas. No se trata de una etiqueta simbólica; es un proceso auditado que exige trazabilidad y evidencia.

En un país donde la discusión climática suele centrarse en la deforestación amazónica o en la transición energética del petróleo y el carbón, la certificación de una planta industrial en el suroccidente abre un nuevo frente: el de la industria manufacturera como actor activo en la mitigación.

Colombia frente al espejo climático

Colombia aporta aproximadamente el 0,6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático. Según compromisos internacionales, el país se ha propuesto reducir en un 51 % sus emisiones para 2030 y alcanzar la carbono neutralidad a 2050.

En ese contexto, la decisión de una empresa privada de certificar una de sus plantas no es un gesto aislado: es una pieza dentro de la arquitectura nacional de descarbonización.

El sector industrial colombiano representa cerca del 12 % de las emisiones nacionales. Si más compañías replicaran el modelo aplicado en Tuluá —medición rigurosa, reducción técnica y compensación certificada— el impacto acumulativo sería significativo en la meta país.

Además, la certificación bajo estándares de ICONTEC envía un mensaje de institucionalidad: no es marketing verde, es verificación técnica local con reconocimiento internacional.

"Para Colombia, esta certificación tiene implicaciones económicas. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea, por ejemplo, ya establece criterios para gravar productos con alta huella de carbono".

Implicaciones económicas: más que reputación

Para Colombia, esta certificación tiene implicaciones económicas estratégicas. Los mercados internacionales —especialmente Europa y Norteamérica— avanzan hacia regulaciones más estrictas en materia ambiental. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea, por ejemplo, ya establece criterios para gravar productos con alta huella de carbono.

Empresas con certificaciones de neutralidad o con sistemas robustos de gestión climática estarán mejor posicionadas para competir. En otras palabras, sostenibilidad ya no es solo reputación; es acceso a mercados.

Colombina, como multinacional de alimentos con presencia en más de 70 países, fortalece así su capacidad exportadora desde Colombia. Esto protege empleo local, consolida inversión regional y demuestra que la competitividad puede alinearse con la acción climática.

Impacto regional: Tuluá como laboratorio

En Tuluá, la noticia tiene otra dimensión. El Valle del Cauca es uno de los polos industriales más importantes del país. Si una planta de conservas puede estructurar una estrategia integral de carbono neutro, otras industrias regionales —azucareras, papeleras, alimenticias— tienen un precedente concreto.

La certificación genera presión positiva. Eleva el estándar. Establece una referencia.

Además, incentiva cadenas de suministro más limpias. Proveedores de transporte, energía o materias primas comienzan a ser evaluados bajo criterios ambientales más exigentes. La sostenibilidad deja de ser un departamento y se convierte en un sistema transversal.

El desafío real: mantener la coherencia

Pierangelo Marchetti, líder de sostenibilidad de la compañía, afirmó que ser carbono neutro no es un punto de llegada. La frase no es retórica. La neutralidad exige actualización permanente: nuevas mediciones, auditorías periódicas, mejora continua.

En Colombia, donde muchas iniciativas ambientales pierden fuerza tras el anuncio inicial, el verdadero reto será sostener la disciplina técnica en el tiempo.

Porque la neutralidad no elimina las emisiones; las gestiona y compensa. La ambición futura será avanzar hacia reducciones estructurales aún más profundas: energías renovables propias, electrificación de procesos, economía circular ampliada.

Más allá de la fábrica

La certificación tiene un efecto simbólico potente. Envía un mensaje a consumidores, inversionistas y autoridades: la industria colombiana puede alinearse con los estándares climáticos globales sin sacrificar productividad.

En un país que debate la transición energética, la diversificación económica y la sostenibilidad fiscal, ejemplos concretos son más poderosos que los discursos.

La planta de Tuluá no transformará por sí sola el perfil de emisiones nacionales. Pero sí demuestra que la transición no es abstracta. Se mide en calderas ajustadas, en reportes auditados, en toneladas compensadas.

Mientras cae la tarde sobre el Valle del Cauca, la fábrica continúa operando. Las líneas de producción no se detienen. Sin embargo, algo ha cambiado: la industria colombiana ha dado un paso visible hacia un modelo donde crecimiento y responsabilidad climática no son opuestos.

Y en esa tensión entre economía y ambiente, Colombia empieza a escribir una nueva crónica: la de una competitividad que aprende a respirar más limpio.

jueves, 19 de febrero de 2026

Cuaresma: La tradición milenaria que desafía al hombre moderno

Con el rito de la imposición de la ceniza se da inicio a la Cuaresma en la Iglesia Católica Romana. Foto de Arquidiócesis de Cali-Colombia tomada de Facebook.

Cada año, millones de cristianos en el mundo entran en un período de 40 días marcado por el silencio interior, la disciplina espiritual y la preparación para la Pascua. Ese tiempo es la Cuaresma, una de las temporadas más antiguas y significativas del calendario cristiano. Pero ¿qué es exactamente? ¿Desde cuándo se celebra? ¿Y qué iglesias la practican hoy?

¿Qué es la Cuaresma?

La Cuaresma es el período de 40 días —sin contar los domingos— que precede a la Pascua, la fiesta central del cristianismo que celebra la resurrección de Jesucristo. Comienza el Miércoles de Ceniza y culmina en la Semana Santa, especialmente en el Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo).

La imposición de la ceniza,(extraida de los ramos bendecidos en el Domingo de Ramos de la Semana Santa anterior) se utiliza como símbolo de arrepentimiento y penitencia y se extendió a partir del papado de Urbano II en 1091.

El número 40 no es casual. En la Biblia, el 40 simboliza prueba y preparación: los 40 días del diluvio en tiempos de Noé, los 40 años del pueblo de Israel en el desierto y, sobre todo, los 40 días que Jesús pasó ayunando en el desierto antes de iniciar su vida pública.

Durante la Cuaresma, los fieles practican tradicionalmente tres pilares espirituales: oración, ayuno y limosna. No se trata solo de renunciar a alimentos o placeres, sino de un proceso integral de conversión interior, penitencia y renovación moral.

¿Desde cuándo se celebra?

La Cuaresma se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Ya en el siglo II existían prácticas de ayuno previas a la Pascua, aunque no estaban unificadas en duración ni forma. Fue en el siglo IV, tras la legalización del cristianismo bajo el emperador Constantino I, cuando la Iglesia comenzó a estructurar formalmente el calendario litúrgico.

En el año 325, el Concilio de Nicea hizo referencia a un período de preparación antes de la Pascua, lo que indica que la práctica ya estaba consolidada. Desde entonces, la Cuaresma adquirió una duración fija de 40 días y se convirtió en un tiempo especialmente dedicado a preparar a los catecúmenos —quienes se bautizaban en Pascua— y a reconciliar a los penitentes públicos.

Por tanto, la Cuaresma como la conocemos tiene más de 1.600 años de historia formal, aunque sus raíces espirituales son aún más antiguas.

¿Qué denominaciones cristianas la celebran?

La Cuaresma no es exclusiva de una sola rama del cristianismo. Varias denominaciones la observan, aunque con diferencias en intensidad, simbolismo y normas.

Iglesia Católica

La Iglesia Católica es una de las principales tradiciones que celebra la Cuaresma de forma estructurada. Comienza con la imposición de ceniza en la frente como signo de arrepentimiento (“Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”) y mantiene prácticas de ayuno obligatorio en fechas específicas, como el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

En América Latina, España, Filipinas y muchos países europeos, la Cuaresma está profundamente arraigada en la cultura popular y culmina con procesiones multitudinarias en Semana Santa.

Iglesias Ortodoxas

Las iglesias ortodoxas, como la Iglesia Ortodoxa Griega y la Iglesia Ortodoxa Rusa, también celebran la Cuaresma, aunque su calendario puede diferir debido al uso del calendario juliano en algunos casos.

En la tradición ortodoxa, el ayuno es más estricto que en la práctica católica: se evita carne, lácteos, huevos e incluso aceite en determinados días. La Cuaresma ortodoxa comienza antes y tiene una preparación litúrgica progresiva.

Iglesias Anglicanas y Luteranas

La Comunión Anglicana y muchas iglesias luteranas históricas también observan la Cuaresma. Mantienen el color litúrgico morado, servicios especiales y prácticas de reflexión. En estos contextos, el énfasis suele estar más en la renovación espiritual que en reglas estrictas de ayuno.

Denominaciones Protestantes

En el mundo evangélico y en varias iglesias protestantes más recientes, la Cuaresma no siempre se celebra oficialmente. Sin embargo, en las últimas décadas algunas comunidades han recuperado prácticas cuaresmales como ejercicios de disciplina espiritual, sin un marco litúrgico obligatorio.

¿Por qué sigue siendo relevante?

En una sociedad acelerada, hiperconectada y orientada al consumo inmediato, la Cuaresma propone lo contrario: pausa, introspección y autocontrol. Es un llamado a confrontar las propias debilidades y a redirigir la vida hacia valores trascendentes.

Desde una perspectiva histórica, la Cuaresma demuestra cómo una práctica nacida en comunidades perseguidas del Imperio Romano logró sobrevivir siglos de cambios políticos, culturales y tecnológicos. Desde una perspectiva espiritual, continúa siendo un laboratorio de transformación personal.

Hoy, más de dos mil millones de cristianos en el mundo reconocen la Pascua como su fiesta central, y una parte significativa de ellos vive la Cuaresma como preparación consciente hacia ese acontecimiento.

No es solo tradición. No es solo rito. Es un proceso de 40 días que, generación tras generación, invita a millones a detenerse y preguntarse quiénes son, qué han hecho y hacia dónde quieren dirigirse.

En definitiva, la Cuaresma no es únicamente un tiempo del calendario litúrgico; es una invitación histórica a la conversión, a la disciplina y a la esperanza. Y esa invitación, después de más de dieciséis siglos, sigue vigente.