viernes, 28 de agosto de 2026

Edificios de naipes en sismos ¿Corrupción inmobiliaria?


Terremotos en Colombia y Venezuela revelan un peligro latente: cómo las fallas en materiales, la negligencia de constructores y la laxitud en el uso del suelo sepultan vidas. Imagen de destrucción por terremoto en Cali Getty Images.

Los recientes desastres naturales en el norte de Sudamérica han vuelto a poner sobre la mesa una verdad incómoda.

Los terremotos no matan personas; los edificios mal construidos, sí. El devastador doblete sísmico del pasado 24 de junio en La Guaira (Venezuela) y el violento terremoto de magnitud 7.4 del 10 de agosto con epicentro en el Chocó, que golpeó con fuerza a Cali, Pereira, Manizales y Quibdó (Colombia), no solo sacudieron la tierra.

Desnudaron una profunda crisis estructural, ética y administrativa en el sector de la construcción de ambos países.

Al observar los escombros de las estructuras colapsadas, la primera reacción pública sueler apuntar a la imprevisibilidad de la naturaleza.

Sin embargo, detrás de cada muro desplomado existe una cadena de omisiones técnicas que se distancia drásticamente de los estándares mínimos de ingeniería.

El colapso de decenas de edificios residenciales en estos departamentos —incluyendo el Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Chocó— tiene una relación directa con el uso de materiales deficientes, como cemento adulterado, arenas mal lavadas y acero con un millaje de resistencia inferior al requerido.

Edificios se vinieron al suelo en ciudades como Cali y PereiraPersonas voluntarias y rescatistas buscan víctimas entre los escombros de un edificio derrumbado con el terremoto en Cali, Colombia, el 10 de agosto de 2026. Foto © Santiago Saldarriaga / AP.

Estas fallas en los elementos esenciales debilitan la ductilidad de la edificación, transformando hogares en trampas mortales cuando las ondas sísmicas azotan el terreno.

Un análisis comparativo en la ciudad de Cali ilustra de forma irrebatible este argumento. Mientras el sismo provocaba el desplome total de estructuras de mediana altura en los sectores del sur de la ciudad, cobrando múltiples víctimas atrapadas, la icónica Torre de Cali —el rascacielos más alto de la capital vallecaucana— permaneció erguida, firme y sin sufrirg deterioros estructurales de consideración.

¿Por qué un coloso de más de 40 pisos resiste sin inmutarse mientras bloques residenciales más nuevos se vienen abajo?

 La diferencia no radica en lah intensidad del movimiento telúrico, sino en el rigor técnico de su cimentación, la calidad impecable de sus materiales y el estricto respeto a los coeficientes de carga arquitectónica.

Esta disparidad desplaza el foco de atención hacia la responsabilidad penal y civil de los constructores.

En la búsqueda de maximizar los márgenes de ganancia, algunas empresas constructoras sacrifican la seguridad mediante el abaratamiento ilícito de los insumos. Sin embargo, el constructor no actúa solo en este entramado de negligencia. 

El dedo acusador debe señalar con igual fuerza la alarmante falta de veeduría y la inacción de los interventores.

Las firmas de interventoría, cuya función legal y ética es actuar como los ojos técnicos del proyecto, han fallado de manera sistemática al firmar actas de conformidad sin realizar pruebas de laboratorio rigurosas sobre el concreto o las aleaciones metálicas empleadas en la obra civil.

A este panorama se suma la complicidad institucional de las administraciones locales. A través de políticas de ordenamiento territorial sumamente flexibles, muchas alcaldías han relajado las exigencias en los permisos de construcción y en los planes de ordenamiento territorial (POT).

Existen mapas de microzonificación sísmica y estudios geológicos avanzados que delimitan claramente cuáles suelos ofrecen un riesgo no mitigable para la edificación debido a fenómenos como la licuación o la inestabilidad de laderas.

Ignorar estos estudios científicos para favorecer la expansión urbana o ceder ante el cabildeo inmobiliario constituye una flagrante irresponsabilidad administrativa. Cuando un gobierno local permite levantar complejos habitacionales sobre terrenos inestables, firma por anticipado la sentencia de muerte de sus ciudadanos.

Edificio Jurel Playa Grande Estado de Vargas-Venezuela. Foto tomada de Facebook Mario Vallejo.

El luto que hoy embarga a las comunidades de La Guaira, Quibdó, Pereira, Manizales y Cali debe transformarse en una exigencia radical de justicia.

No basta con declarar emergencias nacionales o prometer subsidios de vivienda. Es imperativo judicializar penalmente a los constructores que escatiman en materiales, sancionar a los interventores negligentes que validan obras deficientes y remover a los funcionarios públicos que flexibilizan el uso del suelo.

Mientras la corrupción y la falta de control sigan fraguándose junto al cemento, las ciudades latinoamericanas continuarán sepultando su futuro bajo los escombros de la impunidad.

sábado, 18 de julio de 2026

La tradición que ha cabalgado miles de años

 


Descubra el fascinante origen de las cabalgatas en América Latina, la extraordinaria historia de los caballos que cambiaron el destino de la humanidad y las leyendas que aún galopan entre la historia y la tradición. Imagen ilustrativa de la cabalgata de la Feria 73 de Guadalajara de Buga-Colombia. Foto tomada de página de Facebook de Feria de Buga.

En numerosos pueblos y ciudades de América Latina, las cabalgatas se han convertido en uno de los actos más esperados de las fiestas patronales, ferias y celebraciones populares.

Más que un desfile de jinetes y caballos, representan una manifestación cultural que reúne tradición, identidad, orgullo campesino y memoria histórica. Cada recorrido recuerda que, durante siglos, el caballo fue mucho más que un medio de transporte: fue compañero inseparable del ser humano en la guerra, la exploración, el trabajo, el comercio y la construcción de las civilizaciones.

El origen de las cabalgatas modernas se remonta a las antiguas procesiones ecuestres organizadas en España durante la Edad Media y el Renacimiento.

Con la llegada de los conquistadores al continente americano en el siglo XVI, los caballos —desaparecidos de América desde el final de la última glaciación— regresaron al Nuevo Mundo y transformaron profundamente la vida social, económica y militar. 

Con el paso del tiempo, aquellas demostraciones ecuestres evolucionaron hasta convertirse en celebraciones populares que hoy forman parte del patrimonio cultural de países como Colombia, México, Venezuela, Ecuador, Costa Rica y otros rincones de Latinoamérica.

La historia del caballo, sin embargo, comenzó mucho antes. La mayoría de los estudios arqueológicos y genéticos sitúan la domesticación del caballo hace aproximadamente 5.500 años en las estepas de Eurasia, especialmente en la región que hoy corresponde al norte de Kazajistán y áreas cercanas.

Desde allí, este extraordinario animal acompañó la expansión de pueblos y culturas, revolucionando el transporte, la agricultura y las estrategias militares.

Pocas especies han influido tanto en el destino de la humanidad.

Los grandes imperios se expandieron gracias a la velocidad y resistencia de sus caballos. Alejandro Magno conquistó buena parte del mundo conocido montando a Bucéfalo, cuya lealtad quedó inmortalizada en la historia. Julio César, Gengis Kan, Napoleón Bonaparte y numerosos reyes europeos comprendieron que la fuerza de un ejército dependía, en gran medida, de la calidad de su caballería.

En el mundo hispánico, uno de los caballos más famosos es Babieca, fiel compañero de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. La tradición cuenta que este caballo acompañó al héroe castellano en sus más6 importantes victorias, convirtiéndose en símbolo de valentía y nobleza.

En América Latina sobresale Palomo, el caballo blanco del Libertador Simón Bolívar. La historia relata que fue un regalo recibido durante la Campaña Libertadora y que acompañó al Libertador en varias jornadas decisivas por la independencia sudamericana. Hoy su nombre forma parte del imaginario histórico de millones de latinoamericanos.

La literatura también inmortalizó a los caballos. Ninguno es tan universal como Rocinante, el inseparable compañero de Don Quijote de la Mancha. Aunque descrito como un caballo viejo y flaco, Miguel de Cervantes lo convirtió en un símbolo de la nobleza, la fidelidad y la capacidad de perseguir ideales incluso frente a las mayores adversidades.

La mitología y las leyendas de diferentes culturas también reservan un lugar privilegiado para los caballos. En la antigua Grecia aparece Pegaso, el caballo alado nacido de la sangre de Medusa, asociado con la inspiración y la libertad.

En la tradición nórdica sobresale Sleipnir, el caballo de ocho patas del dios Odín, considerado el más veloz de todos los mundos.

La leyenda del Caballo de Troya relata cómo una enorme estructura de madera permitió a los griegos conquistar la ciudad de Troya mediante el ingenio más que por la fuerza. En las tradiciones celtas abundan relatos sobre caballos mágicos capaces de cruzar ríos, mares y mundos sobrenaturales.

En América Latina, el caballo adquirió además un profundo significado cultural. Dio origen a figuras como el llanero, el gaucho, el charro, el huaso y el vaquero, personajes que representan el espíritu de libertad y el trabajo rural.

Las cabalgatas actuales rinden homenaje precisamente a ese legado, recordando la estrecha relación entre el hombre y el caballo en la construcción de la identidad de nuestros pueblos.

Hoy, aunque los motores sustituyeron gran parte de las funciones prácticas del caballo, su presencia continúa despertando admiración.

Las cabalgatas siguen convocando a miles de personas porque simbolizan historia, tradición y sentido de pertenencia.

Cada jinete que participa revive una herencia compartida durante miles de años, recordándonos que pocas alianzas han sido tan determinantes para el desarrollo de la humanidad como la establecida entre el hombre y el caballo.

viernes, 17 de julio de 2026

Europa vuelve a encender alarmas por calor extremo

 

Europa enfrenta una nueva ola de calor mientras el Reino Unido entra en alerta. Descubra cómo el calentamiento global acelera la crisis climática y por qué la descarbonización ya no puede esperar. Puente de la Torre de Londres o Tower Bridge. Imagen: DepositPhotos.com.

El verano europeo vuelve a escribir una historia que deja de ser excepcional para convertirse en una inquietante costumbre. 

Mientras los parques londinenses buscan refugio bajo la sombra de los árboles y las estaciones de tren registran temperaturas inusualmente altas, el Reino Unido enfrenta su tercera ola de calor del año.

Pero la noticia trasciende las fronteras británicas: el mismo fenómeno se repite en Francia, España, Italia, Portugal, Alemania y otras ciudades del continente, donde el calor extremo ha puesto en alerta a millones de personas.

El Servicio Meteorológico del Reino Unido (Met Office) confirmó que durante los próximos días las temperaturas alcanzarán entre 34 y 35 grados Celsius, especialmente en el sur y centro de Inglaterra.

Aunque los expertos consideran poco probable que se rompan récords históricos, advierten que el aumento de la humedad hará que la sensación térmica sea mucho más sofocante, favoreciendo además la formación de tormentas eléctricas.

Las autoridades sanitarias británicas activaron alertas de nivel ámbar y amarillo para proteger especialmente a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Mantenerse hidratado, evitar la exposición prolongada al sol y reducir las actividades físicas durante las horas de mayor radiación son algunas de las recomendaciones que hoy hacen parte de la rutina diaria.

Sin embargo, el verdadero protagonista de esta historia no es únicamente el calor. Es el cambio profundo que experimenta el clima del planeta.

Lo que durante décadas fue considerado un fenómeno ocasional comienza a repetirse con una frecuencia que inquieta a la comunidad científica. Las olas de calor son más intensas, más largas y abarcan territorios cada vez más extensos.

Europa, tradicionalmente identificada por sus estaciones marcadas y veranos moderados, vive ahora episodios propios de regiones históricamente más cálidas.

Detrás de este escenario aparece una realidad ampliamente documentada por la ciencia: el recalentamiento global provocado por la acumulación de gases de efecto invernadero, especialmente dióxido de carbono, emitidos principalmente por la actividad industrial, el transporte y el uso masivo de combustibles fósiles.

La paradoja resulta evidente. Los países que lideraron la industrialización mundial y construyeron gran parte de su desarrollo económico sobre el carbón, el petróleo y el gas natural son hoy algunos de los que enfrentan con mayor intensidad las consecuencias del calentamiento global.

Al mismo tiempo, muchas naciones menos responsables de estas emisiones soportan impactos aún más severos sobre su agricultura, sus recursos hídricos y la seguridad alimentaria de millones de personas.

El desafío ya no consiste únicamente en adaptarse a temperaturas récord. La discusión gira ahora hacia la velocidad con que el mundo será capaz de abandonar la dependencia de los hidrocarburos.

La descarbonización dejó de ser una propuesta ambiental para convertirse en una necesidad económica, tecnológica y de supervivencia.

La expansión de la energía solar, eólica, geotérmica e hidráulica representa una oportunidad histórica para reducir las emisiones contaminantes sin renunciar al desarrollo.

No obstante, la transición energética enfrenta enormes desafíos políticos, financieros y sociales. Mientras algunos países aceleran inversiones en energías renovables, otros continúan dependiendo del petróleo, el carbón y el gas para sostener sus economías. Ese contraste define buena parte del futuro climático del planeta.

Las olas de calor que hoy recorren Europa no son únicamente una noticia meteorológica. Constituyen un recordatorio de que el reloj climático continúa avanzando. Cada verano más cálido plantea una misma pregunta: ¿será suficiente la respuesta de los gobiernos y de la sociedad para frenar el avance del calentamiento global?

El Reino Unido vuelve a estar bajo alerta por las altas temperaturas. Pero la verdadera alerta es mundial

sábado, 4 de julio de 2026

Los inventos colombianos que hoy salvan millones de vidas





Conoce cómo tres médicos colombianos  revolucionaron la medicina mundial con inventos que siguen salvando millones de vidas. Un legado científico que puso a Colombia en la historia de la medicina. Foto ilustrativa tomada de Pixabay.

Cuando se habla de grandes inventos médicos pocas personas imaginan que tres de los avances más importantes para salvar vidas nacieron gracias al ingenio de médicos colombianos. Sus descubrimientos han transformado la cardiología, la neurocirugía y la cirugía general, beneficiando a millones de pacientes en todos los continentes.

Se trata del ingeniero y médico colombiano Jorge Reynolds Pombo, pionero del marcapasos artificial; el neurocirujano Salomón Hakim, descubridor de la hidrocefalia de presión normal e inventor de la válvula que revolucionó su tratamiento; y el cirujano Oswaldo Borraez, creador de una innovadora técnica para proteger los órganos inflamados mediante una bolsa de contención abdominal.

Sus aportes no solo representan orgullo para Colombia, sino que constituyen algunos de los avances médicos más importantes del último siglo.


Jorge Reynolds Pombo. Foto tomada de asmedasantioquia.org

Jorge Reynolds Pombo: el colombiano que ayudó a cambiar la historia del corazón

En 1958, Jorge Reynolds Pombo desarrolló uno de los primeros marcapasos artificiales externos del mundo. Su invento abrió el camino para que millones de personas con trastornos del ritmo cardíaco pudieran prolongar y mejorar su calidad de vida.

Desde entonces, la tecnología ha evolucionado enormemente, permitiendo fabricar marcapasos cada vez más pequeños, seguros y duraderos. Sin embargo, el trabajo pionero de Reynolds marcó un antes y un después en la cardiología moderna.

Durante décadas también ha liderado investigaciones sobre la fisiología cardíaca, la bioingeniería y el estudio del corazón de las ballenas, convirtiéndose en uno de los científicos colombianos con mayor reconocimiento internacional.

Salomón Hakim. Foto tomada de www.faae.org.co

Salomón Hakim: el médico que descubrió una enfermedad confundida con el Alzheimer

Uno de los mayores aportes de la medicina moderna fue realizado por el neurocirujano colombiano Salomón Hakim.

Mientras estudiaba pacientes diagnosticados con demencia senil, observó que algunos presentaban acumulación de líquido cefalorraquídeo dentro del cerebro. 

Esa condición, denominada hidrocefalia de presión normal, podía provocar pérdida de memoria, alteraciones en la marcha y problemas urinarios, síntomas que frecuentemente eran atribuidos al envejecimiento o al Alzheimer.

Hakim demostró que muchos de estos pacientes podían mejorar mediante un tratamiento quirúrgico.

Para ello diseñó la famosa válvula de Hakim, un sofisticado sistema de derivación que regula la presión y permite drenar el exceso de líquido desde el cerebro hacia otra parte del cuerpo.

Este invento revolucionó la neurocirugía mundial y continúa utilizándose, con mejoras tecnológicas, en hospitales de numerosos países.

Gracias a este descubrimiento, miles de personas recuperaron su movilidad, su independencia y una mejor calidad de vida.

Oswaldo Borraez. Foto tomada de colombianculture.com

Oswaldo Borraez: una solución sencilla que salvó miles de vidas

La innovación médica no siempre depende de equipos sofisticados.

El cirujano colombiano Oswaldo Borraez desarrolló una técnica conocida internacionalmente como "Bolsa de Bogotá", un procedimiento sencillo y de bajo costo que consiste en utilizar una bolsa estéril para cubrir temporalmente el abdomen cuando los órganos presentan una inflamación tan severa que impide cerrar la cavidad abdominal.

La técnica evita daños adicionales, disminuye complicaciones y permite que el paciente continúe su recuperación hasta que sea posible realizar el cierre definitivo.

Hoy este procedimiento se utiliza en hospitales de todo el mundo, especialmente en situaciones de trauma grave, cirugías complejas y emergencias abdominales.

Colombia también exporta innovación médica

Aunque muchas veces estos nombres no reciben el reconocimiento que merecen, sus inventos continúan salvando vidas diariamente.

El marcapasos desarrollado por Jorge Reynolds abrió una nueva era para la cardiología.

La válvula de Hakim cambió para siempre el tratamiento de la hidrocefalia de presión normal.

La Bolsa de Bogotá creada por Oswaldo Borraez se convirtió en una herramienta indispensable para cirujanos de todo el planeta.

La historia demuestra que el talento colombiano también ha transformado la ciencia mundial. Estos tres médicos representan la capacidad de innovar, investigar y encontrar soluciones que hoy benefician a millones de personas sin importar su nacionalidad.

Su legado permanece vivo en cada corazón que vuelve a latir con normalidad, en cada paciente que recupera su memoria y movilidad, y en cada cirugía donde una idea nacida en Colombia sigue haciendo la diferencia.

lunes, 29 de junio de 2026

Las ferias que convierten a Colombia en una tierra de alegría

 


Colombia es un país donde las ferias y fiestas representan mucho más que tradición: son símbolo de identidad, resiliencia, cultura y orgullo. Descubra cómo estos eventos mantienen viva el alma de una nación. Imagen de exposición de ganado Angus Brangus en la Feria Exposición Nacional Agropecuaria de Guadalajara de Buga. Foto tomada de Facebook de Feria de Buga.

En Colombia, la celebración es mucho más que una costumbre: es una expresión de identidad, resiliencia  y esperanza.

 Aun cuando este país ha atravesado complejos desafíos derivados de la violencia, la desigualdad, la inseguridad y las dificultades económicas, los colombianos han encontrado en las ferias y fiestas populares una manera de preservar sus tradiciones, fortalecer los lazos comunitarios y recordar que siempre existe un motivo para reunirse y celebrar la vida.

Colombia con uno de los mayores calendarios de fiestas en América Latina

Pocos países en América Latina cuentan con un calendario festivo tan amplio y diverso como Colombia. A lo largo del año, prácticamente cada región ofrece una celebración que refleja su historia, su cultura y el orgullo de sus habitantes.

Desde el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, que exalta la diversidad cultural, hasta el majestuoso Caqqqqrnaval de Barranquilla, considerado una de las expresiones folclóricas más importantes del continente, pasando por el Festival Folclórico Colombiano en Tolima, el Festival del Bambuco en Huila y el Festival Internacional del Joropo en los Llanos Orientales, cada evento representa una oportunidad para mantener vivas las raíces del país.

Pero las grandes celebraciones nacionales son solo una parte del inmenso patrimonio festivo colombiano. En cientos de municipios, las fiestas patronales siguen siendo el corazón de la vida comunitaria.


Exposición de orquideas en la Feria de Guadalajara de Buga. Foto tomada de Facebook de Feria de Buga.

Las fiestas son un factor de identidad cultural

Cada pueblo conserva con orgullo las tradiciones dedicadas a su santo patrono, convirtiendo estos encuentros en espacios de integración social, manifestaciones culturales y actividades económicas que benefician a comerciantes, artesanos y productores locales. Un ejemplo de ello son las tradicionales Fiestas de San Roque en Guacarí, Valle del Cauca, donde la fe, la cultura y el sentido de pertenencia se unen para fortalecer la identidad de toda una comunidad.

Surge entonces una pregunta que con frecuencia se hacen quienes visitan Colombia por primera vez: ¿cómo puede un país que enfrenta tantos retos sociales conservar una capacidad tan extraordinaria para celebrar?

Una manera de ser que marca la diferencia

La respuesta quizá se encuentre en el carácter del colombiano. Existe una profunda convicción de que las dificultades no deben impedir disfrutar los momentos de encuentro con la familia, los amigos y los vecinos. Compartir una conversación, escuchar música, bailar o brindar con una bebida típica representa mucho más que un simple momento de diversión; es una manera de aliviar las preocupaciones cotidianas, fortalecer la solidaridad y reafirmar la esperanza.

Esta actitud suele sorprender a muchos visitantes extranjeros. En numerosas regiones encuentran comunidades que, pese a enfrentar limitaciones económicas, conservan intacta su alegría y hospitalidad. Descubren personas que reciben al visitante con una sonrisa, abren las puertas de sus hogares y convierten cualquier ocasión en una celebración compartida.

Esa calidez humana termina siendo uno de los mayores atractivos del país y una de las razones por las cuales tantos viajeros desean regresar.

Las Ferias agropecuarias: Una mirada hacia el campo

Dentro de ese amplio universo de festividades, las ferias agropecuarias ocupan un lugar especial. No solo representan espacios de entretenimiento, sino también escenarios donde el campo colombiano exhibe su enorme potencial productivo.

Agricultores, ganaderos, emprendedores y artesanos presentan el fruto de su trabajo, impulsando el desarrollo regional y fortaleciendo una actividad económica que continúa siendo fundamental para la seguridad alimentaria del país.

Entre estas celebraciones sobresale la tradicional Feria Exposición Nacional Agropecuaria de Guadalajara de Buga, que durante más de siete décadas se ha consolidado como una de las ferias más antiguas y representativas de Colombia. Su permanencia demuestra el valor de una tradición que ha logrado adaptarse al paso del tiempo sin perder su esencia.

Más allá de las exhibiciones ganaderas, las competencias equinas y las muestras comerciales, esta feria constituye un homenaje permanente al campesino colombiano. Es un reconocimiento a quienes, con esfuerzo y dedicación, producen el café, las frutas, las verduras, los cereales, la carne, los lácteos y tantos otros alimentos que diariamente llegan a la mesa de millones de familias.

El campo colombiano ha soportado durante décadas los efectos del conflicto armado, el desplazamiento forzado y las dificultades económicas. Sin embargo, continúa siendo uno de los pilares sobre los cuales se sostiene el desarrollo nacional.

Cada feria agropecuaria recuerda la importancia de proteger a quienes trabajan la tierra y de valorar su aporte al crecimiento económico y a la identidad del país.

Exposición equina grado A en la Feria de Guadalajara de  Buga. Foto tomada de Facebook de Feria de Buga.

Feria de Guadalajara de Buga pionera en Colombia

Celebrar una nueva edición de la Feria Exposición Nacional Agropecuaria de Guadalajara de Buga significa, por tanto, mucho más que organizar un evento. Es rendir homenaje a las generaciones de campesinos, ganaderos y productores que han construido parte de la historia de Colombia. También representa una oportunidad para que nuevas generaciones conozcan el valor del trabajo rural y comprendan que detrás de cada alimento existe el esfuerzo silencioso de miles de familias.

Las ferias también fortalecen el turismo, dinamizan el comercio, impulsan la cultura y favorecen el reencuentro de quienes, por diferentes circunstancias, viven lejos de su tierra natal. 

Durante algunos días, las ciudades recuperan ese espíritu de comunidad que permite reencontrarse con viejos amigos, compartir en familia y mostrar con orgullo lo mejor de su región.

Colombia seguirá siendo reconocida por la calidad de su café, por la riqueza de sus paisajes y por la diversidad de sus culturas. Pero también merece ser recordada como un país donde las ferias y las fiestas constituyen una poderosa expresión de resiliencia colectiva.

 Al final cada celebración representa un homenaje a la vida, a la esperanza y al espíritu alegre de un pueblo que, incluso en los momentos más difíciles, siempre encuentra razones para seguir adelante.

martes, 23 de junio de 2026

La Herencia de Una Elección

 


Por: Gloria García.

Cuando se elige se deja una herencia, de justicia y honestidad cuando se hace a consciencia, o de injusticia y falsedad cuando por inconsciencia se aniquila el sentido de lo ético y lo moral en el ser humano.

Recordemos las tragedias griegas, la ópera, la poesía, y el hermoso séptimo arte, todos medios creados para plasmar épocas y expresar lo furtivo. Hoy, estamos ante un teatro humano con unos libretos y escenografías que  hacen que el futuro parezca incierto, porque no prestamos atención a los pequeños detalles.

Como Un Juego de Ajedrez

A menudo nos preguntamos ¿cómo pasó todo esto?, ¿qué está pasando?; los jugadores de ajedrez ven los pasos a seguir y consiguen un jaque mate rotundo; ¿es que las comunidades humanas no tienen estrategia?

Colectividades sumidas en una ficción colectiva, encandiladas por un color o un camino que se les presenta como si fuera fácil.

Creemos ciegamente en una voz respaldada por gráficas al estilo Hollywood o  simplemente nos resignamos, "la política es así, siempre las mismas promesas, nada cambia"; y cuando parece que el cambio es posible, se frustra, frustración que se evidencia al no poder lograr ese cambio porque se  carece de la capacidad del ajedrecista para anticipar la jugada de quien juega como un verdadero depredador; aquí es donde resuena la frase del escritor español César García Muñoz:

"Un idiota es un idiota; dos idiotas son dos idiotas; diez mil idiotas son un partido político".

O pensemos en la obra de Gabriel García Márquez, Crónica De Una Muerte Anunciada, todos sabían lo que pasaría, pero nadie hizo nada para evitarlo. La política es compleja.

Décadas atrás había un mundo donde el escándalo era fatal, y terminaba con las carreras de los gobernantes. Hoy, en cambio, parece indicar que ser cínico, tener el descaro de burlarse de los demás, y ufanarse de  tener antecedentes es el camino más fácil para llegar al poder. 

¿Es esta la táctica del depredador y  manipulador para conquistar terrenos sin guerras, solo reclutando voluntades mediante la vieja estrategia de comprar al vendido?

Es una "victoria" sin gloria, un registro en la historia donde no hay pasión, no hay memoria, y mucho menos corazón. ¿Será que, como en la película de los 70s The Warriors, las bandas (o los políticos) que hacen su propia ley han entendido la victoria en la democracia de una forma literalalmente violenta?

Bueno... para entender eso, primero se necesitaría verla.

viernes, 19 de junio de 2026

Pensar en Español, Vivir en Inglés: La Crónica de Mariana en el Reino Unido

 


Desde Barranquilla,en el  Caribe colombiano, al Reino Unido y las calles de Londres, Mariana relata cómo aprender inglés en un entorno británico transformó su forma de pensar, comunicarse y descubrir nuevas culturas. Una crónica sobre idioma, identidad y crecimiento personal. Foto: Mariana posa junto a sus compañeras en las puertas de acceso al Palacio de Buckingham, residencia oficial del monarca btitánico.

Cuando el avión despegó desde Colombia rumbo al Reino Unido, llevaba en mi equipaje más que ropa y documentos. También viajaban conmigo años de estudio, cientos de ejercicios de gramática, incontables horas escuchando audios en inglés y una pregunta que no tardaría en encontrar respuesta:

¿Es posible pensar y sentir de la misma manera en dos idiomas distintos?

La respuesta comenzó a revelarse durante las casi diez horas de vuelo que me separaban de una experiencia que transformaría mi forma de aprender, comunicarme y entender otras culturas.

Partí desde Barranquilla, la cálida ciudad del Caribe colombiano, junto a un grupo de compañeras con quienes compartía un objetivo común: perfeccionar nuestro inglés en un entorno donde el idioma no fuera una asignatura, sino la lengua cotidiana de millones de personas.


Tower Bridge, puente icónico de Londres que cruza el río Támesis. Foto: Mariana Enciso.

Cuando el inglés deja de ser una materia

La primera lección llegó incluso antes de abrir un cuaderno.

Escuchar inglés en la vida real fue completamente diferente a escucharlo en el salón de clases.

Durante años había practicado pronunciación, vocabulario y comprensión auditiva. Sin embargo, al llegar al aeropuerto de Londres descubrí que el idioma tenía una velocidad distinta, matices inesperados y acentos que ningún ejercicio académico había logrado reproducir completamente.

Por primera vez entendí que aprender un idioma y vivirlo son experiencias muy diferentes.

Panorámica de Hastings, histórica ciudad costera del sur de Inglaterra. Foto tomada de www.discoverbritain.com

Hastings: una ventana a otra forma de vivir

Nuestro destino final era Hastings, una ciudad costera donde nos alojamos en la residencia del colegio Buckswood.

El lugar parecía sacado de una postal: amplias zonas verdes, edificios rodeados de naturaleza y una tranquilidad que contrastaba con el ritmo acelerado al que estaba acostumbrada en Colombia.

Allí también comenzaron mis primeras observaciones sobre la cultura británica.

Las personas me parecieron especialmente respetuosas, organizadas y educadas. Aunque suelen mostrarse reservadas al principio, siempre encontré disposición para ayudar cuando era necesario.

Era una forma distinta de relacionarse, menos espontánea que la nuestra, pero igualmente cordial.

Torre del reloj Big Ben, ícono de Londres y el Reino Unido. Foto tomada de www.london-forever.com

Descubrir que existen muchos ingleses

A medida que avanzaban los días comprendí algo importante: el inglés que aprendemos en los libros es solo una parte del idioma.

Las conversaciones cotidianas estaban llenas de expresiones locales, abreviaciones y formas de hablar que rara vez aparecen en los materiales académicos.

A veces entendía cada palabra por separado, pero necesitaba unos segundos adicionales para comprender el sentido completo de una frase.

Aquello me obligó a escuchar con más atención, pensar más rápido y adaptarme constantemente.

Foto: Mariana en el momento de la cena con algunas de sus compañeras.

El idioma también se descubre en la mesa

La experiencia cultural continuó durante las comidas.

Los horarios británicos eran diferentes a los colombianos y algunos platos me parecieron sorprendentemente sencillos en comparación con la variedad y riqueza gastronómica de mi país.

Aunque extrañé algunos sabores colombianos, también disfruté la oportunidad de probar alimentos nuevos y comprender cómo la cultura se expresa incluso en los hábitos más cotidianos.

London Eye, actualmente la rueda más alta de Europa, atractivo turístico situado en el South Bank del río Tamesis en Londres . Foto tomada de www.expedia.dk

Londres: donde la historia convive con el futuro

Uno de los momentos más esperados fue nuestra visita a Londres.

Después de aproximadamente dos horas de viaje desde Hastings llegamos a una ciudad que parecía combinar distintas épocas en un mismo escenario.

El clima fue una de las primeras sorpresas.

En un solo día podía experimentar sol, viento y lluvia en cuestión de horas. Comprendí rápidamente por qué los londinenses rara vez salen sin paraguas o impermeable.

Nuestro recorrido nos llevó por algunos de los lugares más emblemáticos de la capital británica.

Contemplar el Big Ben, el London Eye, el Palacio de Buckingham y el Tower Bridge fue como caminar por escenarios que hasta entonces solo había visto en fotografías y películas.

Palacio de Buckingham en Londres, residencia oficial y sede administrativa de la monarquía británica.  Foto tomada de londontickets.tour.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue la convivencia entre lo antiguo y lo moderno.

Edificios centenarios compartían espacio con estructuras contemporáneas de cristal y acero. Esa mezcla otorgaba a Londres una identidad única, donde la historia no permanece congelada, sino que dialoga permanentemente con el presente.

Pensar en español, hablar en inglés

Las anécdotas más memorables surgieron precisamente del idioma.

En varias ocasiones construía una frase perfecta en español dentro de mi mente, pero cuando intentaba expresarla en inglés las palabras parecían competir entre sí.

A veces mezclaba ambos idiomas en una misma oración o me detenía buscando una palabra que sabía perfectamente en español, pero que tardaba en encontrar en inglés.

Aquellos momentos, que hoy recuerdo con humor, terminaron convirtiéndose en parte esencial del aprendizaje.

También fue divertido acostumbrarme a mirar hacia el lado contrario antes de cruzar una calle. En el Reino Unido los vehículos circulan por la izquierda, algo completamente distinto a lo que conocía en Colombia.

Foto: Graduación de Mariana de su curso de Inglés avanzado en Buckswood School, prestigioso internado y colegio privado mixto ubicado en East Sussex, Inglaterra (cerca de la histórica ciudad de Hastings).

Mucho más que aprender inglés

Si algo me dejó este viaje fue la certeza de que aprender un idioma implica mucho más que memorizar vocabulario o dominar reglas gramaticales.

Significa comprender otras formas de pensar, adaptarse a contextos diferentes y descubrir aspectos de uno mismo que permanecen ocultos dentro de la rutina.

El Reino Unido me permitió mejorar mi inglés, pero también me enseñó a desenvolverme con mayor confianza, a valorar las diferencias culturales y a apreciar aún más mis raíces colombianas.

Al regresar a casa entendí que la pregunta con la que inicié esta aventura no tenía una respuesta simple.

Quizás nunca pensemos exactamente igual en dos idiomas.

Pero cada lengua nos ofrece una nueva manera de interpretar el mundo.

Y esa fue, sin duda, la lección más valiosa de mi viaje.