Imagen ilustrativa tomada de Facebook
En parques de Barcelona, plazas de Ciudad de México y encuentros juveniles en Buenos Aires, algunos adolescentes se desplazan en cuatro apoyos, portan máscaras de zorro o lobo y afirman sentir una conexión profunda con un animal específico. No se trata de una simple puesta en escena cosplay. Se identifican como therians, una subcultura digital que ha ganado visibilidad acelerada en plataformas como TikTok e Instagram.
El fenómeno no nació en 2026 ni es puramente latinoamericano. Sus raíces contemporáneas se remontan a foros de internet de los años noventa en Estados Unidos y Europa, donde comunidades vinculadas al movimiento otherkin comenzaron a usar el término “therian” (derivado de therianthropy, del griego therion —bestia— y anthropos —humano—) para describir la vivencia subjetiva de identificarse, en el plano interno o espiritual, con un animal no humano. Con el auge de redes sociales de video corto, el concepto salió del nicho y entró en la conversación pública global.
De mito ancestral a etiqueta digital
La idea de humanos que comparten rasgos con animales es antiquísima: mitologías como la egipcia, la nórdica o la mesoamericana integraron figuras híbridas. Sin embargo, el therian contemporáneo no se define como criatura mitológica ni como personaje ficticio. Se trata, según quienes se identifican así, de una experiencia interna de identidad simbólica.
La diferencia con otras comunidades —como el furry fandom, centrado en personajes antropomorfos ficticios— es que el therian no juega a ser un animal: afirma sentir que, en algún nivel psicológico o espiritual, lo es.
Países con mayor visibilidad
La comunidad es global y predominantemente digital, la cobertura mediática y los reportes de concentraciones juveniles muestran especial presencia en:
Argentina y Chile, donde la etiqueta ha sido tendencia en redes juveniles.
España, particularmente en Barcelona, con encuentros que generaron debate público.
México, donde el fenómeno alcanzó conversación nacional en Ciudad de México.
También existen comunidades activas en Estados Unidos, Canadá y Alemania, aunque allí el fenómeno permanece más vinculado a foros especializados.
Psicología contemporánea: ¿identidad o alerta?
Desde la psicología clínica tradicional, el consenso preliminar es prudente: identificarse como therian no constituye en sí mismo un trastorno mental. La literatura científica diferencia claramente esta vivencia de cuadros psiquiátricos como la licantropía delirante, que sí implica ruptura con la realidad.
El auge de los therians ha suscitado reacciones diversas entre profesionales de la psicología. Aunque este campo aún no cuenta con estudios extensos, varias voces autorizadas han aportado análisis que ayudan a situar el fenómeno más allá del sensacionalismo mediático:
Interpretación como exploración de identidad:
Para psicólogos como Juan Martín Pérez (especialista citado en medios mexicanos), ser therian no es un trastorno psiquiátrico per se, sino una forma de identidad que puede surgir en etapas de exploración personal propias de la adolescencia, influida por factores emocionales y neurodiversidad. Según él, el fenómeno se amplifica por algoritmos que conectan a jóvenes con intereses similares.
Conexión con el desarrollo emocional y pertenencia:
El profesor de psicología Óliver Serrano ha señalado que identificarse como therian puede verse como un proceso de construcción de identidad, similar a otras tribus urbanas del pasado. Serrano subraya que no implica necesariamente un problema de salud mental, aunque recomienda atención si la adopción de la identidad interfiere de forma negativa con la vida cotidiana.
Diferenciación entre identidad y trastorno:
Investigaciones académicas sobre comunidades therian sugieren que, aunque algunos términos asociados pueden compartir características superficiales con fenómenos clínicos como la licantropía delirante, la mayoría de las experiencias therian no corresponde a una enfermedad mental. En la psicología académica contemporánea se tiende a evitar patologizar una identidad que muchos describen como subjetiva y simbólica.
Estas opiniones convergen en que el fenómeno debe observarse con matices: no siempre es indicativo de patología, pero tampoco puede ignorarse si hay malestar significativo o efectos adversos en la vida social y emocional de la persona.
Una mirada desde la psicología humanista cristiana
Desde una perspectiva humanista cristiana, el análisis introduce matices distintos y el fenómeno debe dejar de abordarse con burla o con estigmatización, teniendo discernimiento.
Según esta visión, el ser humano posee una dignidad intrínseca derivada de su condición personal, relacional y trascendente. La identidad no se reduce a impulsos biológicos ni a algoritmos culturales, sino que implica una vocación integral: cuerpo, psique y espíritu en unidad.
Desde este marco, identificarse simbólicamente con un animal puede interpretarse como:
Búsqueda de pertenencia y seguridad emocional.
Expresión metafórica de rasgos de personalidad (fuerza, independencia, instinto).
Reacción a entornos percibidos como hostiles o despersonalizantes.
La perspectiva humanista cristiana más que determinar una patología con el fenómeno, invita a una pregunta central: ¿esta identidad fortalece o fragmenta la integración personal? Si la vivencia es simbólica y no rompe el sentido de realidad ni la funcionalidad cotidiana, puede tratarse de un proceso exploratorio. Si sustituye la identidad humana fundamental o genera aislamiento profundo, conviene intervención terapéutica inmediata.
6Desidentificar al ser humano sería entrar gradualmente en un proceso peligroso de disolución de la sociedad humana que se animaliza y pierde su esencia divina desde una perspectiva teista.
Cultura, algoritmo y futuro
De otra parte el fenómeno therian revela algo más amplio que una moda juvenil: expone la forma en que la identidad se negocia hoy en entornos hipervisibles y algorítmicos. Plataformas como TikTok no solo difunden tendencias; también crean comunidades que validan experiencias minoritarias y las convierten en narrativas globales.
La pregunta de fondo es cómo las sociedades contemporáneas disciernen sobre procesos identitarios en un contexto donde lo simbólico, lo digital y lo emocional se entrelazan.





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