Es talvez un caso único en la historia de la guerra de la independencia de la América española donde un hombre de ancestros indígenas y de condición humilde llega a escalar hasta la posición de general de los ejércitos del rey de España y más aún a una edad en donde se podría considerar tardío el inicio de una carrera militar, pero este fue el caso de Agustín Agualongo, (Juan Agustín era su nombre de pila) un mestizo colombiano de ancestros indígenas nacido en la ciudad sureña de San Juan de Pasto, el 25 de agosto de 1780 y quien decididamente se alista en las fuerzas del rey de España Fernando VII para defender los intereses de la corona por la que finalmente entregó su vida. Retrato icónico de Juan Agustín Agualongo. Autor: maestro José Eduardo Ordóñez Ordóñez.
Algunos de sus rasgos quedaron reseñados en la ficha militar de la Tercera Compañía de las Milicias del Rey, según los cuales, "Agualongo era de baja estatura, pues solo medía un metro con cuarenta centímetros, tenía pelo y cejas negras, ojos pardos, color prieto, nariz regular, poca barba y una mancha de carate abajo de los ojos,con cara abultada, tenía grueso el labio superior ".
Además de escribir y a leer aprendió el arte de la pintura al óleo en la Escuela de Artes y Oficios, con lo cual empezó a ganarse la vida en un taller de Pasto.
Su primera actuación como soldado fue el 16 de octubre de 1809 en la victoria realista en la Taribita de Funes, sobre el río Guáitara, considerada como una de las primeras acciones bélicas en la América Latina.
En 1812 combatió en Busaco al lado de las tropas realistas conformadas por mestizos y campesinos patianos de origen indígena, logrando recuperar la ciudad de Pasto de los republicanos.
Por su desempeño es ascendido a cabo, consiguiendo en mayo de 1814 ascender a sargento primero, participando en las acciones del Calvario en las cuales las tropas del rey derrotaron a Nariño, evitando la toma de la ciudad.
En 1816 como subteniente del Batallón Pasto marchó con el ejército de Sámano a la conquista de Popayán, derrotando a las fuerzas patriotas en la Cuchilla del Tambo el 25 de junio de ese año.
Vuelve luego a Pasto como teniente en la segunda Compañía de Milicias de Pasto.
Luego del 7 de agosto de 1819 con la derrota de Boyacá los restos del ejército del rey se dirigieron a Pasto a refugiarse. Allí en su tierra logró reagrupar a los efectivos del ejército realista cuando Melchor de Aymerich pidió desde Quito al gobernador y comandante general de Pasto Basilio García, apoyo para sofocar la insurrección de Guayaquil el 9 de octubre de 1820. Agualongo marchó como oficial del Batallón Dragones de Granada a la Real Audiencia de Quito; después de la victoria de Huachi pasa a ser capitán y a fines del mismo año es nombrado jefe civil y militar de Cuenca.
Después de la Batalla de Pichincha, ganada por los patriotas, el coronel Calzada unió los batallones Tiradores de Cadiz y los restos del Cataluña y a marchas forzadas retoma a Pasto, siendo ascendido Agualongo al grado de teniente coronel del ejército real. Pero a mediados de 1822 la arremetida republicana consigue tomar a Pasto, sin embargo sin darse por derrotado logra animar un levantamiento que consigue derrotar las fuerzas del general Juan José Flórez, que tenían el control del territorio,restableciendo el gobierno realista en la ciudad e iniciando una marcha triunfal sobre Ibarra.
Finalmente Bolívar con una gran fuerza de caballería 17 días después retoma el control sobre esta ciudad ecuatoriana. Agualongo retorna a Pasto que padece la represión del jefe militar impuesta por los vencedores; aquí de manera intrépida y ágil reune tres mil hombres que entran al pueblo de Anganoy alcanzando al general patriota Herrán, al cual luego de pedir clemencia le respeta la vida expresando una frase que se hizo célebre, "Yo no mato rendidos".
En las montañas andinas formó una fuerte guerrilla que puso casi en jaque a las fuerzas republicanas, consiguiendo a mediados de 1824 expulsar de Pasto a las fuerzas del general Juan José Flórez.
Finalmente la ciudad es tomada por los patriotas y Agualongo es traicionado por uno de los antiguos oficiales que había combatido junto con él en el ejército realista como fue el coronel José María Obando (posteriormente general y presidente de Colombia), quien lo lleva prisionero a Popayán, allí se le ofrece respetarle la vida con la condición que jure lealtad a la nueva constitución republicana, con una respuesta tajante que fue ¡Nunca!, por lo cual es juzgado y condenado a morir por fusilamiento, concediéndosele su petición de morir con el uniforme de oficial del rey.
Es así como el 13 de julio de 1824 ante el pelotón de fusilamiento exclamó: "¡Si tuviera veinte vidas estaría dispuesto a inmolarlas por la religión católica y por el rey de España!"
Exigió que no le vendaran los ojos porque quería morir de cara al sol, mirando de frente la muerte sin pestañear y así de manera valerosa y firme según los cronistas enfrentó serenamente al pelotón y gritó ¡Que viva el rey!.
Antes de morir llegaba firmada por el rey de España la cédula real que le otorgaba a Agustín Agualongo su ascenso como Brigadier General de los ejércitos del rey de España,siendo el único americano y mestizo de raíces indígenas que llegó en la carrera militar a escalar hasta esta posición dentro del ejército español en todo el territorio del entonces virreinato de la Nueva Granada y muy seguramente en todo el resto de la América hispanoparlante.
