Planta de conservas de Colombina en Tuluá-Valle del Cauca- Colombia. Foto tomada de colombina.com
El calor del mediodía cae espeso sobre Tuluá. En el corazón del Valle del Cauca, donde el verde de la caña de azúcar dibuja el horizonte, una planta industrial rompe la rutina del paisaje agrícola. No es una fábrica cualquiera: es la planta de conservas de Colombina, que acaba de recibir la certificación de Carbono Neutro otorgada por ICONTEC.
El anuncio podría leerse como un simple comunicado corporativo, pero en realidad es una señal que trasciende los muros de la empresa y se proyecta sobre el debate ambiental colombiano.
El día que la industria cambió el discurso
En la planta de Tuluá, el reconocimiento no llegó por casualidad. Durante meses —en realidad, años— la compañía midió con precisión técnica cada tonelada de dióxido de carbono emitida por sus procesos: consumo energético, combustibles, transporte interno, refrigeración, residuos. Luego vinieron las estrategias de reducción: optimización de energía, eficiencia en calderas, ajustes logísticos, mejoras en procesos térmicos.
Lo que no pudo eliminarse, se compensó mediante mecanismos verificados bajo estándares rigurosos. El resultado: balance neto cero en emisiones directas y controladas. No se trata de una etiqueta simbólica; es un proceso auditado que exige trazabilidad y evidencia.
En un país donde la discusión climática suele centrarse en la deforestación amazónica o en la transición energética del petróleo y el carbón, la certificación de una planta industrial en el suroccidente abre un nuevo frente: el de la industria manufacturera como actor activo en la mitigación.
Colombia frente al espejo climático
Colombia aporta aproximadamente el 0,6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático. Según compromisos internacionales, el país se ha propuesto reducir en un 51 % sus emisiones para 2030 y alcanzar la carbono neutralidad a 2050.
En ese contexto, la decisión de una empresa privada de certificar una de sus plantas no es un gesto aislado: es una pieza dentro de la arquitectura nacional de descarbonización.
El sector industrial colombiano representa cerca del 12 % de las emisiones nacionales. Si más compañías replicaran el modelo aplicado en Tuluá —medición rigurosa, reducción técnica y compensación certificada— el impacto acumulativo sería significativo en la meta país.
Además, la certificación bajo estándares de ICONTEC envía un mensaje de institucionalidad: no es marketing verde, es verificación técnica local con reconocimiento internacional.
"Para Colombia, esta certificación tiene implicaciones económicas. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea, por ejemplo, ya establece criterios para gravar productos con alta huella de carbono".
Implicaciones económicas: más que reputación
Para Colombia, esta certificación tiene implicaciones económicas estratégicas. Los mercados internacionales —especialmente Europa y Norteamérica— avanzan hacia regulaciones más estrictas en materia ambiental. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono de la Unión Europea, por ejemplo, ya establece criterios para gravar productos con alta huella de carbono.
Empresas con certificaciones de neutralidad o con sistemas robustos de gestión climática estarán mejor posicionadas para competir. En otras palabras, sostenibilidad ya no es solo reputación; es acceso a mercados.
Colombina, como multinacional de alimentos con presencia en más de 70 países, fortalece así su capacidad exportadora desde Colombia. Esto protege empleo local, consolida inversión regional y demuestra que la competitividad puede alinearse con la acción climática.
Impacto regional: Tuluá como laboratorio
En Tuluá, la noticia tiene otra dimensión. El Valle del Cauca es uno de los polos industriales más importantes del país. Si una planta de conservas puede estructurar una estrategia integral de carbono neutro, otras industrias regionales —azucareras, papeleras, alimenticias— tienen un precedente concreto.
La certificación genera presión positiva. Eleva el estándar. Establece una referencia.
Además, incentiva cadenas de suministro más limpias. Proveedores de transporte, energía o materias primas comienzan a ser evaluados bajo criterios ambientales más exigentes. La sostenibilidad deja de ser un departamento y se convierte en un sistema transversal.
El desafío real: mantener la coherencia
Pierangelo Marchetti, líder de sostenibilidad de la compañía, afirmó que ser carbono neutro no es un punto de llegada. La frase no es retórica. La neutralidad exige actualización permanente: nuevas mediciones, auditorías periódicas, mejora continua.
En Colombia, donde muchas iniciativas ambientales pierden fuerza tras el anuncio inicial, el verdadero reto será sostener la disciplina técnica en el tiempo.
Porque la neutralidad no elimina las emisiones; las gestiona y compensa. La ambición futura será avanzar hacia reducciones estructurales aún más profundas: energías renovables propias, electrificación de procesos, economía circular ampliada.
Más allá de la fábrica
La certificación tiene un efecto simbólico potente. Envía un mensaje a consumidores, inversionistas y autoridades: la industria colombiana puede alinearse con los estándares climáticos globales sin sacrificar productividad.
En un país que debate la transición energética, la diversificación económica y la sostenibilidad fiscal, ejemplos concretos son más poderosos que los discursos.
La planta de Tuluá no transformará por sí sola el perfil de emisiones nacionales. Pero sí demuestra que la transición no es abstracta. Se mide en calderas ajustadas, en reportes auditados, en toneladas compensadas.
Mientras cae la tarde sobre el Valle del Cauca, la fábrica continúa operando. Las líneas de producción no se detienen. Sin embargo, algo ha cambiado: la industria colombiana ha dado un paso visible hacia un modelo donde crecimiento y responsabilidad climática no son opuestos.
Y en esa tensión entre economía y ambiente, Colombia empieza a escribir una nueva crónica: la de una competitividad que aprende a respirar más limpio.
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