lunes, 2 de marzo de 2026

Irán, Israel y EE.UU.: el origen oculto de una guerra que reconfigura el mundo



Teherán bombardeado. Foto AP/AFP

La historia oculta del conflicto Irán–Israel–EE.UU.: causas reales, riesgos de guerra global y el incierto futuro de Irán tras  la muerte de Jameini.

Para comprender  la actual escalada entre Irán, Israel y Estados Unidos, es indispensable retroceder más de siete décadas. El conflicto no es solo militar: es ideológico, estratégico y civilizatorio.

1. El punto de quiebre: 1953 y la intervención estadounidense

El antecedente clave se sitúa en 1953, cuando la CIA participó en la caída del primer ministro iraní Mohammad Mossadegh, quien había nacionalizado el petróleo. Washington respaldó al Sha Mohammad Reza Pahlavi para preservar sus intereses energéticos y contener la expansión soviética en plena Guerra Fría.

Desde entonces, para una parte importante de la sociedad iraní, Estados Unidos dejó de ser un aliado para convertirse en símbolo de injerencia y humillación nacional.

2. 1979: La Revolución Islámica y el nacimiento del antagonismo

El verdadero giro estructural llegó con la Revolución Islámica de 1979 encabezada por el ayatolá Ruhollah Khomeini. El nuevo régimen teocrático transformó a Irán en una República Islámica chií con una doctrina explícitamente antiestadounidense y antiisraelí.

La toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán y la crisis de los rehenes marcaron el inicio de un enfrentamiento directo con Washington.

Para Israel, el cambio fue aún más dramático: antes de 1979 ambos países mantenían cooperación estratégica. Después, el nuevo régimen iraní declaró que el Estado israelí debía desaparecer.

3. El eje ideológico: Israel como enemigo existencial

El conflicto con Israel tiene un componente ideológico profundo. La República Islámica considera ilegítima la existencia del Estado fundado en 1948 como Israel. Desde los años 80, Irán financia y arma a actores no estatales como Hezbolá en Líbano y grupos palestinos.

Israel, por su parte, percibe a Irán como su principal amenaza estratégica, especialmente por su programa nuclear.

4. El programa nuclear y la política de contención

La tensión alcanzó un nuevo nivel cuando el programa nuclear iraní generó sospechas sobre el desarrollo de armas atómicas. El acuerdo firmado en 2015, el llamado JCPOA, buscaba frenar ese avance. Sin embargo, en 2018 el entonces presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del pacto y reimpuso sanciones severas.

Desde entonces, la región vive una guerra indirecta: sabotajes, ciberataques, asesinatos selectivos y enfrentamientos a través de milicias aliadas.

¿Por qué estalla el conflicto actual?

El conflicto bélico actual responde a tres factores convergentes:

Disuasión nuclear y miedo preventivo. Israel busca impedir que Irán alcance capacidad nuclear militar.

Lucha por hegemonía regional. Irán pretende consolidar un “eje de resistencia” que conecte Teherán con el Mediterráneo.

Cálculo político interno. Tanto en Washington como en Teherán y Tel Aviv, la confrontación externa cohesiona apoyos internos en momentos de fragilidad política.

Consecuencias globales: los riesgos para el mundo

Asia

Posible desestabilización del Golfo Pérsico, por donde circula cerca del 30% del petróleo mundial. Cualquier cierre del Estrecho de Ormuz dispararía los precios energéticos.

Europa

Incremento del precio del gas y petróleo, crisis energética renovada y nuevas olas migratorias desde Medio Oriente.

América

Impacto inflacionario por alza de combustibles, presión geopolítica sobre aliados regionales y mayor polarización diplomática.

Riesgos globales principales

-Escalada nuclear táctica

-Guerra regional ampliada con participación de potencias

-Ataques a infraestructura energética mundial

-Fragmentación del orden internacional

-El conflicto no es local; es sistémico.

-El futuro de Irán tras la muerte del ayatolá Jameini

El líder supremo Ali Khamenei representa la continuidad ideológica del sistema instaurado en 1979. Su eventual desaparición física abriría un periodo de transición incierto.

Tres escenarios son plausibles:

Continuidad controlada. La Guardia Revolucionaria consolida el poder con un sucesor afín.

Reforma gradual. Sectores pragmáticos buscan reducir el aislamiento internacional.

Crisis interna profunda. Protestas sociales y fragmentación institucional.

Históricamente, los regímenes revolucionarios tienden a endurecerse antes de transformarse. Por tanto, a corto plazo es más probable la continuidad que la apertura inmediata.

Irán seguirá siendo un Estado musulmán chií con fuerte identidad nacionalista. El cambio, si llega, será progresivo y condicionado por la presión económica y social interna.

Irán no desaparecerá ni colapsará fácilmente. Su aparato estatal es sólido y su estructura ideológica resiliente. Sin embargo, su margen económico y diplomático es cada vez más estrecho.

¿Finalmente, puede el conflicto Irán–Israel–EE.UU. convertirse en guerra total?

Sí, es posible, pero no inevitable. El conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos combina rivalidad ideológica, disuasión nuclear y competencia por hegemonía regional. Una guerra abierta provocaría crisis energética global, inestabilidad financiera y riesgo de escalada nuclear táctica. Sin embargo, los tres actores comprenden que un enfrentamiento directo tendría costos estratégicos devastadores. Por ello, el escenario más probable a corto plazo es la continuación de una guerra indirecta: ataques limitados, presión económica y confrontación diplomática. El futuro dependerá de la capacidad de contención y del equilibrio de poder en Medio Oriente.