martes, 7 de abril de 2026

Entre drones y selva: Hela 5, la historia real que parece de película

Hela 5. Foto: Ejército de Colombia.

La selva colombiana del Catatumbo no da tregua. Es húmeda, espesa, impredecible. Un territorio donde cada sonido puede ser una amenaza y cada paso, un riesgo. Allí, en medio de ese paisaje hostil, se escribió una historia que no tuvo como protagonista a un comandante ni a un soldado condecorado, sino a una canina entrenada para salvar vidas. Su nombre: Hela 5.

Todo comenzó en una operación en zona rural de Tibú, Norte de Santander. La tensión ya se sentía en el ambiente cuando, de un momento a otro, el zumbido de drones rompió el silencio. Luego, las explosiones. 

El ataque de grupos armados ilegales desató el caos: órdenes cruzadas, maniobras de repliegue, confusión total.

En medio de ese escenario, Hela 5 desapareció.

Para la unidad del Grupo de Explosivos y Demoliciones (EOD), su ausencia no era un detalle menor. No se trataba solo de un recurso operativo: era una compañera de misiones, una aliada que había acompañado a la tropa en los momentos más críticos. Con el paso de las horas, la incertidumbre se transformó en angustia.

Un día. Dos. Tres.

La selva parecía haberla tragado.

Durante siete días, la esperanza se fue debilitando. Las condiciones eran adversas: lluvias constantes, terreno fangoso, falta de alimento. Todo apuntaba a un desenlace inevitable. Pero Hela 5 no estaba dispuesta a rendirse.

Guiada por su instinto —y por algo más difícil de explicar— emprendió un recorrido silencioso, solitario, casi imposible. Fueron 28 kilómetros atravesando la selva, esquivando peligros invisibles, sobreviviendo con lo mínimo.

Mientras tanto, en la base militar de Vetas Central, el ambiente era de resignación. Los soldados ya comenzaban a aceptar la pérdida. Hasta que ocurrió lo inesperado.

Una figura apareció entre la vegetación.

Débil. Delgada. Pero firme.

Era ella.

Hela 5 había regresado.

Por sus propios medios. Contra toda lógica. Contra todo pronóstico.

La escena fue tan impactante como emotiva. La tropa no podía creerlo. Algunos se quedaron inmóviles, otros corrieron hacia ella. La incredulidad se mezcló con la alegría en cuestión de segundos. Pero el momento más poderoso aún estaba por llegar.

Desde Cúcuta, su guía, el soldado profesional Julián Naveros, había viajado con una mezcla de ansiedad y fe. Cuando finalmente la vio, el protocolo dejó de existir. No hubo órdenes ni formalidades.

Solo un reencuentro.

Hela 5 corrió hacia él sin dudarlo. Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si esos siete días de ausencia se desvanecieran en un instante. Él la recibió con la emoción contenida de quien vuelve a ver a alguien que creía perdido para siempre.

No era solo una canina. Era su compañera. Su respaldo en el terreno. Su garantía de vida en medio del peligro.

Porque Hela 5 no cumple una labor cualquiera.

Su entrenamiento la ha convertido en una pieza clave en operaciones de alto riesgo. Su olfato es capaz de detectar explosivos ocultos, minas antipersonales y amenazas invisibles que podrían acabar con la vida de decenas de soldados. En cerca de 20 operaciones, su intervención ha marcado la diferencia.

Hace poco, en la vereda Morretón, en el municipio de Durania, volvió a demostrar su capacidad. Su marcación permitió ubicar un complejo cocalero de gran escala. El resultado fue contundente: una tonelada de clorhidrato de cocaína incautada y más de mil galones de insumos líquidos decomisados.

Un golpe que representó pérdidas millonarias para las estructuras criminales y evitó que cerca de un millón de dosis llegaran a mercados ilegales.

Pero más allá de las cifras, hay algo que no se puede medir.

Hela 5 es la que avanza primero. La que detecta el peligro antes que los humanos. La que arriesga su vida sin cuestionar. La que, incluso perdida en la selva, encuentra el camino de regreso.

Hoy, su historia trasciende lo militar. Se ha convertido en símbolo.

De resistencia en medio de la adversidad.

De disciplina sin condiciones.

De lealtad absoluta.

En un territorio marcado por la violencia, su regreso no solo sorprendió a una base militar. También dejó una lección silenciosa pero poderosa.

Porque a veces, los verdaderos héroes no llevan uniforme.

A veces, caminan en 

cuatro patas…

y nunca olvidan cómo volver a casa.