lunes, 18 de mayo de 2026

Por: Gloria García.

La historia de María Antonia Ruiz y el inglés John Runnel en la batalla de San Juanito de 1819 revela cómo una alianza entre valentía afrodescendiente y estrategia británica ayudó a consolidar la independencia de Colombia y América Latina. Imagen de banderas del Reino Unido y Colombia tomada de shutterstock.com

En septiembre de 1819, mientras la lucha por la independencia sacudía los territorios de América Latina, una escena inesperada quedó grabada en la memoria histórica del Valle del Cauca. En una hacienda ubicada en las afueras de Guadalajara de Buga, una mujer afrodescendiente y un inglés unieron valor, inteligencia y determinación para cambiar el rumbo de una batalla decisiva.

Sus nombres eran María Antonia Ruiz y John Runnel.

Aquel episodio ocurrió el 28 de septiembre de 1819, en la hacienda San Juanito, cerca del lugar donde hoy se encuentra el cementerio de Buga. Allí se libró uno de los combates que consolidaron la independencia del suroccidente colombiano y permitieron al ejército patriota continuar su avance hacia los territorios que hoy conforman Ecuador, Perú y Bolivia.

La región vivía días de tensión. Las fuerzas monárquicas españolas mantenían posiciones estratégicas en el Valle del Cauca y estaban decididas a impedir el avance de los independentistas. Entre sus tropas se encontraba el temido cuerpo de Húsares del Rey, soldados de élite expertos en el combate a caballo y en el manejo del sable.

En medio de ese escenario apareció John Runnel, un inglés que había decidido involucrarse en la causa libertadora americana. Su experiencia militar llamó la atención del general Joaquín Ricaurte y Torrijos, quien le otorgó el rango de coronel y le encomendó una responsabilidad crucial durante la batalla.

Runnel no solo aportó disciplina y estrategia. También introdujo una visión táctica que resultó determinante para enfrentar a las fuerzas españolas atrincheradas en la casa y el trapiche de la hacienda San Juanito. Mientras el fuego enemigo castigaba a los patriotas, el inglés organizó cuidadosamente las posiciones de sus hombres y dispuso una cobertura de fusileros que cambiaría el destino del combate.

María Antonia Ruiz atacando sobre su caballo. Obra del artista Jorge Restrepo.

Fue entonces cuando emergió la figura de María Antonia Ruiz.

La mujer afrodescendiente, ya de edad adulta, observaba cómo el enfrentamiento parecía estancarse. Pero llevaba consigo una herida profunda: años atrás, su hijo Pedro José Ruiz había sido fusilado por las autoridades españolas junto al héroe ecuatoriano Carlos Montúfar, en el costado oriental del parque principal de Guadalajara de Buga.

Aquella memoria se convirtió en fuerza.

Con una tea encendida entre sus manos y desafiando el estruendo de las balas, María Antonia montó una yegua briosa y avanzó hacia el corazón del combate. Cubierta por el fuego estratégico dispuesto por John Runnel, logró acercarse hasta el techo pajizo del trapiche donde se refugiaban los soldados realistas.

En segundos, las llamas comenzaron a extenderse.

El incendio provocó desconcierto entre las tropas españolas, obligándolas a abandonar su posición defensiva. La maniobra abrió paso al avance definitivo de las fuerzas patriotas y terminó sellando la rendición del ejército monárquico.

La valentía de María Antonia Ruiz y la inteligencia militar de John Runnel se complementaron en un momento decisivo de la historia latinoamericana. Ella representó la fuerza y el sacrificio de las mujeres afrodescendientes que participaron en la independencia; él simbolizó el respaldo y la conexión internacional que también acompañó las luchas libertadoras del continente.

Aquel encuentro entre una mujer afrocolombiana y un inglés trascendió el campo de batalla. Con el paso de los años, se convirtió en un símbolo temprano de intercambio cultural, entendimiento y cooperación entre Colombia y el Reino Unido.

La historia de ambos demuestra que la independencia no fue obra de un solo pueblo ni de un único origen. Fue el resultado de personas distintas que encontraron una causa común en la libertad.

Hoy, más de dos siglos después, los nombres de María Antonia Ruiz y John Runnel siguen recordando que la valentía puede unir continentes y que, en un rincón del Valle del Cauca, una mujer afro y un inglés ayudaron a cambiar la historia de América Latina.