Ángela María Gómez R. Psicóloga especializada en Salud Ocupacional.
En las organizaciones modernas existe un enemigo silencioso que pocas veces se reconoce a tiempo: la sobrecarga laboral. Cada día más trabajadores cumplen metas imposibles, asumen funciones que no corresponden a su cargo y trabajan bajo tiempos de entrega que exceden sus capacidades físicas y emocionales. El resultado es evidente: estrés crónico, agotamiento mental, disminución del rendimiento e incremento de enfermedades relacionadas con el trabajo.
Como psicóloga especialista en Salud Ocupacional, he podido observar cómo muchas empresas continúan enfocadas únicamente en los indicadores de productividad, dejando de lado un aspecto fundamental: la capacidad humana para sostener esas exigencias sin afectar su salud.
Las demandas cuantitativas del trabajo representan hoy uno de los factores más críticos dentro del Riesgo Psicosocial. No se trata solamente de cuánto trabaja una persona, sino de cuánto puede soportar física y emocionalmente antes de que aparezcan consecuencias sobre su bienestar.
Es frecuente encontrar trabajadores que, además de cumplir sus funciones principales, terminan asumiendo responsabilidades adicionales que nunca fueron contempladas dentro de su manual de funciones. Esta carga adicional suele normalizarse dentro de las organizaciones hasta convertirse en una práctica silenciosa que deteriora la salud mental y aumenta el desgaste laboral.
Cuando un trabajador debe responder permanentemente a múltiples tareas, altos volúmenes de trabajo y tiempos insuficientes, el organismo comienza a generar respuestas de estrés sostenido. Con el tiempo aparecen síntomas como fatiga constante, irritabilidad, ansiedad, dificultades para dormir, desmotivación y problemas de concentración. Posteriormente pueden surgir incapacidades médicas, ausentismo laboral y afectaciones más severas en la salud física y mental.
Por eso, antes de realizar cualquier medición de Riesgo Psicosocial, las organizaciones deben analizar con profundidad varios aspectos esenciales: las funciones reales del cargo, las tareas adicionales asumidas por el trabajador, los tiempos exigidos para cumplir objetivos, la carga operativa y administrativa y, especialmente, el impacto que estas exigencias tienen sobre la salud y desempeño del personal.
La prevención del Riesgo Psicosocial no es únicamente una obligación legal; es una responsabilidad ética y estratégica. Una empresa que protege la salud mental de sus trabajadores fortalece también su productividad, reduce conflictos internos, disminuye incapacidades y evita consecuencias jurídicas derivadas de una mala gestión organizacional.
Hoy más que nunca, las empresas necesitan comprender que el talento humano no puede medirse únicamente por resultados. Detrás de cada meta existe una persona con límites emocionales, físicos y psicológicos que deben ser respetados.
Hablar de Riesgo Psicosocial es hablar de salud, dignidad y sostenibilidad organizacional.
Dra. Ángela María Gómez Reyes
Psicóloga Especializada en Salud Ocupacional.
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