viernes, 19 de junio de 2026

Pensar en Español, Vivir en Inglés: La Crónica de Mariana en el Reino Unido

 


Desde Barranquilla,en el  Caribe colombiano, al Reino Unido y las calles de Londres, Mariana relata cómo aprender inglés en un entorno británico transformó su forma de pensar, comunicarse y descubrir nuevas culturas. Una crónica sobre idioma, identidad y crecimiento personal. Foto: Mariana posa junto a sus compañeras en las puertas de acceso al Palacio de Buckingham, residencia oficial del monarca btitánico.

Cuando el avión despegó desde Colombia rumbo al Reino Unido, llevaba en mi equipaje más que ropa y documentos. También viajaban conmigo años de estudio, cientos de ejercicios de gramática, incontables horas escuchando audios en inglés y una pregunta que no tardaría en encontrar respuesta:

¿Es posible pensar y sentir de la misma manera en dos idiomas distintos?

La respuesta comenzó a revelarse durante las casi diez horas de vuelo que me separaban de una experiencia que transformaría mi forma de aprender, comunicarme y entender otras culturas.

Partí desde Barranquilla, la cálida ciudad del Caribe colombiano, junto a un grupo de compañeras con quienes compartía un objetivo común: perfeccionar nuestro inglés en un entorno donde el idioma no fuera una asignatura, sino la lengua cotidiana de millones de personas.


Tower Bridge, puente icónico de Londres. Foto: Mariana Enciso.

Cuando el inglés deja de ser una materia

La primera lección llegó incluso antes de abrir un cuaderno.

Escuchar inglés en la vida real fue completamente diferente a escucharlo en el salón de clases.

Durante años había practicado pronunciación, vocabulario y comprensión auditiva. Sin embargo, al llegar al aeropuerto de Londres descubrí que el idioma tenía una velocidad distinta, matices inesperados y acentos que ningún ejercicio académico había logrado reproducir completamente.

Por primera vez entendí que aprender un idioma y vivirlo son experiencias muy diferentes.

Panorámica de Hastings. Foto tomada de www.discoverbritain.com

Hastings: una ventana a otra forma de vivir

Nuestro destino final era Hastings, una ciudad costera donde nos alojamos en la residencia del colegio Buckswood.

El lugar parecía sacado de una postal: amplias zonas verdes, edificios rodeados de naturaleza y una tranquilidad que contrastaba con el ritmo acelerado al que estaba acostumbrada en Colombia.

Allí también comenzaron mis primeras observaciones sobre la cultura británica.

Las personas me parecieron especialmente respetuosas, organizadas y educadas. Aunque suelen mostrarse reservadas al principio, siempre encontré disposición para ayudar cuando era necesario.

Era una forma distinta de relacionarse, menos espontánea que la nuestra, pero igualmente cordial.

Big Ben. Foto tomada de www.london-forever.com

Descubrir que existen muchos ingleses

A medida que avanzaban los días comprendí algo importante: el inglés que aprendemos en los libros es solo una parte del idioma.

Las conversaciones cotidianas estaban llenas de expresiones locales, abreviaciones y formas de hablar que rara vez aparecen en los materiales académicos.

A veces entendía cada palabra por separado, pero necesitaba unos segundos adicionales para comprender el sentido completo de una frase.

Aquello me obligó a escuchar con más atención, pensar más rápido y adaptarme constantemente.

Foto: Mariana en el momento de la cena con algunas de sus compañeras.

El idioma también se descubre en la mesa

La experiencia cultural continuó durante las comidas.

Los horarios británicos eran diferentes a los colombianos y algunos platos me parecieron sorprendentemente sencillos en comparación con la variedad y riqueza gastronómica de mi país.

Aunque extrañé algunos sabores colombianos, también disfruté la oportunidad de probar alimentos nuevos y comprender cómo la cultura se expresa incluso en los hábitos más cotidianos.

London Eye. Foto tomada de www.expedia.dk

Londres: donde la historia convive con el futuro

Uno de los momentos más esperados fue nuestra visita a Londres.

Después de aproximadamente dos horas de viaje desde Hastings llegamos a una ciudad que parecía combinar distintas épocas en un mismo escenario.

El clima fue una de las primeras sorpresas.

En un solo día podía experimentar sol, viento y lluvia en cuestión de horas. Comprendí rápidamente por qué los londinenses rara vez salen sin paraguas o impermeable.

Nuestro recorrido nos llevó por algunos de los lugares más emblemáticos de la capital británica.

Contemplar el Big Ben, el London Eye, el Palacio de Buckingham y el Tower Bridge fue como caminar por escenarios que hasta entonces solo había visto en fotografías y películas.

Palacio de Buckingham. Foto tomada de londontickets.tour.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue la convivencia entre lo antiguo y lo moderno.

Edificios centenarios compartían espacio con estructuras contemporáneas de cristal y acero. Esa mezcla otorgaba a Londres una identidad única, donde la historia no permanece congelada, sino que dialoga permanentemente con el presente.

Pensar en español, hablar en inglés

Las anécdotas más memorables surgieron precisamente del idioma.

En varias ocasiones construía una frase perfecta en español dentro de mi mente, pero cuando intentaba expresarla en inglés las palabras parecían competir entre sí.

A veces mezclaba ambos idiomas en una misma oración o me detenía buscando una palabra que sabía perfectamente en español, pero que tardaba en encontrar en inglés.

Aquellos momentos, que hoy recuerdo con humor, terminaron convirtiéndose en parte esencial del aprendizaje.

También fue divertido acostumbrarme a mirar hacia el lado contrario antes de cruzar una calle. En el Reino Unido los vehículos circulan por la izquierda, algo completamente distinto a lo que conocía en Colombia.

Foto: Graduación de Mariana de su curso de Inglés avanzado en Buckswood School, prestigioso internado y colegio privado mixto ubicado en East Sussex, Inglaterra (cerca de la histórica ciudad de Hastings).

Mucho más que aprender inglés

Si algo me dejó este viaje fue la certeza de que aprender un idioma implica mucho más que memorizar vocabulario o dominar reglas gramaticales.

Significa comprender otras formas de pensar, adaptarse a contextos diferentes y descubrir aspectos de uno mismo que permanecen ocultos dentro de la rutina.

El Reino Unido me permitió mejorar mi inglés, pero también me enseñó a desenvolverme con mayor confianza, a valorar las diferencias culturales y a apreciar aún más mis raíces colombianas.

Al regresar a casa entendí que la pregunta con la que inicié esta aventura no tenía una respuesta simple.

Quizás nunca pensemos exactamente igual en dos idiomas.

Pero cada lengua nos ofrece una nueva manera de interpretar el mundo.

Y esa fue, sin duda, la lección más valiosa de mi viaje.